5to. día
Otra mañana tempranito, y van…
Teníamos que ir al aeropuerto nuevamente para dirigirnos a Arequipa. El vuelo fue tranquilo y es corto, más o menos una hora y media.
Obviamente el aeropuerto es pequeño, pero lindo y arregladito, parecía que muchos de los pasajeros iban por razones de trabajo, muchos hombres, con maletines y después nos confirmaron que Arequipa estaba con una especie de boom económico por un incremento de la explotación minera. La minería ya no se explota estatalmente y, por lo menos a los guías que nos tocó, les parecía bien porque decían que no se había hecho bien las cosas cuando el estado la realizaba, no pudimos chequear si las opiniones eran generalizadas, así que nos quedamos sólo con esa versión.
Arequipa es la 2da. ciudad en importancia, se la conoce como “Ciudad Blanca“ debido a que las construcciones de las casas, iglesias y otros edificios están realizadas con sillar (lava volcánica) que les da ese aspecto inmaculado a toda la ciudad. A pesar que fue fundada por un Inca, se la reconoce más como una ciudad de fundación española, porque los españoles la desarrollaron como tal, debido a su ubicación, conveniente para la organización del virreinato; los Incas no le habían dado tanta importancia.
Las habitaciones arriba y el comedor tenía una parte dentro de un espacio y otra sobre unas amplias galerías con vista a la Plaza de Armas que lo hacía muy especial. Las habitaciones hermosas, amplísimas, con escritorio, baño amplio y una atención de primera. Después de los clásicos: ayyyyyyy, que hermoso, de pedir la contraseña de la wifi, conectarnos, hablar y agarrar todos los jaboncitos rápidamente. Nos fuimos a buscar algo para comer ya que nos venían a buscar temprano. Se la veía como una ciudad de mucha actividad comercial: mucho auto nuevo, mucho “cuidado que te pasan por encima” y a esta altura yo estaba convencida que en Argentina “no manejamos tan mal”, mucho negocio, algunos de diseño muy lindos, fuimos a un especie de Patio de comidas, donde quisimos almorzar con una linda promoción… la que se había finalizado y terminamos almorzando en Starbucks (no fue mi idea, lo juro…).
Volvimos y nos pasaron a buscar para realizar nuestro primer recorrido en Arequipa, estábamos las 3 solas con un guía muy preparado y amable (todos son amables); a la 1ra. parada y ante los primeros comentarios, se dejaba notar que los arequipeños son bastante…“ (Vanidosos y agrandados, merecerían ser porteños) especiales” (así se sienten) y de ahí en adelante, a todos los que les decíamos que habíamos ido a Arequipa, comenzaban la frase con un “Uyyyy los arequipeños…” confirmando que nuestra sensación tenía sustento… y a esa deducción llegamos cuando nuestro guía habló de personas que venían de otros lugares (Puno, Cusco) y los llamó, nada menos que ¡EXTRANJEROS!.(como si no fueran peruanos) (Sólo le faltó el: “hay que mandarlos de vuelta a su país”).
Primero fuimos a recorrer el Barrio de San Lázaro: donde se creyó que se había fundado Arequipa, después se descubrió que era un error, posteriormente fuimos al mirador de Carmen Alto, ahí se ven los pocos rasgos incas que tiene Arequipa: hay una serie de terrazas… eso, y nada más es lo incaico de la zona. (Los incas usaban esa zona como de cultivo, no tenía valor estratégico, supongo que por lo inestables de los volcanes que rodean la zona. Esta vez el “hablemos sin saber 5” es mío, ja…).
Ahí está el mirador, donde se ven claramente los 3 volcanes: Misti, Chachani y Pichu-Pichu (la existencia de esa cantidad de volcanes, es la razón por la que los Incas no desarrollaron tanto la ciudad) (mi comentario anterior es porque no leí lo que venía antes de escribir) y con razón… el Chachani está dormido, el Pichu-Pichu está lejos, pero el Misti está activo y es más, informes de este año dicen que la actividad aumentó muchísimo. En ese mirador hay un equeco, donde nos sacamos una…digamos “simpática” foto.
Nos quedaba la parte religiosa, llegamos al Monasterio de Santa Catalina, que increíblemente estuvo 400 años cerrado, pero no es sólo un monasterio… es una especie de ciudad, con calles, celdas, fuentes, jardines, templos y hasta una pinacoteca. Lo impresionante fue enterarse que para enclaustrarse y hacer una vida dedicada a la
religión había que “pagar” y que como, la mayoría de las internadas pertenecían a familias ricas, tenían esclavas; que se encargaban de la limpieza, comida y otros quehaceres. Nosotros fuimos con nuestro guía, pero hay, al ingresar, un grupo de mujeres que te llevan en visita guiada. Lo raro… en la actualidad “alquilan” el Monasterio para eventos… ¡¡¡madre mía!!!.
De ahí caminamos hasta la Plaza de Armas (sólo unas cuadritas) mientras caminábamos vimos a un grupo de policías que pasaban trotando y como en las películas de los entrenamientos militares iba el líder cantando y el resto repitiendo.
Ya en Plaza de Armas nos hablaron algo de la catedral, supuestamente no se podía guiar adentro y entonces fuimos a la Iglesia de la Compañía de Jesús que se encuentra a un par de cuadras de allí. Al llegar primero nos hizo observarla de enfrente, ya que es realmente imponente, el material para su construcción procede de las canteras del volcán Misti, por lo que el sillar le da el color blanco característico arequipeño. Según nos explicaron es una piedra muy fácil de trabajar pero es difícil tallarla en profundidad por su textura porosa. Esto dio lugar al desarrollo de un tipo de decoración muy trabajada, pero superficial.
En el interior del templo hay retablos de madera tallada recubiertos con pan de oro. En la sacristía está la capilla de San Ignacio, con murales que muestran la flora y la fauna tropicales con un despliegue de colores impactantes: entras y te envuelve un ambiente tropical, con enredaderas, flores, frutos exóticos y pájaros legendarios y la expresión “te envuelve” no es exagerada, porque las paredes circundantes se confunden y fusionan con la cúpula, produciéndote esa sensación; es más, se la conoce como “la Sixtina de Arequipa” y juro que no es dicho desde la soberbia arequipeña. Para entrar ahí, hay que pagar una entrada, pero vale la pena. No te dejan sacar fotos, porque afuera podes comprar postales, que compramos, obvio; pero no estaban bien sacadas y no se puede apreciar la belleza que ese espacio representa: único…
Ahí nuestro guía nos dejó, nos quedamos mirando unos negocitos bonitos, seguíamos buscando un prendedor (¿es de jovata decir prendedor, no?) de la marca “Perú” que le habíamos visto al 1er. guía en Lima, pero no tuvimos suerte.
Después volvimos a la Plaza de Armas, ingresamos a la catedral, la recorrimos, muy bella como todas las iglesias de Perú (sinceramente Perú tiene tantas iglesias como Roma) tienen muchísimos altares con sus respectivos santos. Dentro de las actividades para hacer se podía optar por una visita guiada ahí o la visita a la Momia Juanita, que estuvo exhibida en USA y después donada a Arequipa. Son de la misma época de las 3 momias de Salta que vimos en el Museo de Alta Montaña; a pesar que tengo sentimientos encontrados con respecto a la exhibición de las momias, tengo que confesar que me interesa muchísimo el tema y me tienta meterme en ese mundo. Ahí estábamos divididas Adri y Pety preferían la Catedral, yo a Juanita… conclusión: no fuimos a ninguna.
Después de cambiarnos, íbamos a cenar, previas compras: manta: Adri, cartucheras: Pety y yo y más… y más cosas que no recuerdo.
Nos acercamos a “Chicha” a ver qué onda el Restaurant y a ver qué onda los precios… entrabas por una especie de gran pórtico que desembocaba en un patio central con una fuente en el medio, atravesándolo veías el Restaurant topísimo atrás… nos recibieron y aunque estaba prácticamente vacío, tuvimos que esperar un ratito en una especie de sala con una compilación de muebles antiguos y un gran espejo, con respecto a los empleados: cada uno cumplía una función distinta: el que te recibe, el que te hace pasar, el que te ofrece la bebida, otro te da la carta, otro te toma el pedido y así… Bebimos, y le hicimos caso a la guía: “Rocoto relleno” ligero, le dijimos… mamita, si eso era ligero… Pety prácticamente no lo pudo comer (¿Ligero?...), yo lo avance bastante, cuando la fogata en el paladar mermaba, iba por un poco más, al salir hacia bastante frio, compramos una botella de agua grande, ya que sospechábamos que los efectos del rocoto serian larga duración y miramos a Arequipa con ojos de despedida, ya que al día siguiente partíamos para el Cañón del Colca.
MUY BUENOOOOOOOOOOOOOOOO
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