10mo.
día: CUSCO
Internet
tiene su costado positivo y negativo, el viaje a Europa que habíamos organizado
con Pety se había basado en info de ahí: los Blog de viajeros, los comentarios
de los hoteles: eran “La Biblia” para mí. La costumbre de ver las opiniones que
dejaban en la web eran imposible de evitar, por lo que la inercia nos llevó a
la vieja costumbre y habíamos leído que nuestro hotel en Cusco: no tenía buen
agua caliente en las duchas y no reponían las cosas en el desayuno (CON LA
COMIDA NO SE JUEGA…); bueno, lo del agua no tenía asidero, pero lo de la
reposición de las cosas del desayuno era verdad, había que esperar el café
bastante y muchas cosas que se acababan no se reponían. Igual, desayunamos
bastante bien y nos fuimos al hall del hotel ya que nos iban a pasar a buscar.
Esta
vez éramos un grupo bastante nutrido: formado básicamente por chilenos (madre,
hermana, hija, esposo, un tanto… digamos: insoportables; preguntones y
quejosos: hecho que es independiente a su nacionalidad, claro) algún brasileño
y una pareja de gallegos… con un guía, que más que peruano, parecía caribeño:
tenía mucho ritmo al hablar, expresivo, histriónico, gracioso, se preguntaba,
se respondía, dramatizaba y a todos nos quedó claro que se llamaba: Ricardo…
Nos
alejamos de la ciudad y después de unos 15 minutos de avanzar por un camino con
una subida pronunciada, llegamos a Sacsayhuamán, que es una impresionante
ciudadela llena de colosales construcciones rodeada de hermosos paisajes. Al
ingresar hay un amplio espacio libre para avanzar y al costado se encuentran
los primeros muros, armado a través de encastres perfectos y en excelentes
condiciones, ubicados en zigzag, insertos en 3 plataformas: representando otro
de los conceptos incaicos que escuchamos todo el tiempo: la existencia de los 3
niveles: Serpiente, Puma y Cóndor.
El
nivel de más abajo estaba construido con piedras grandes, los 2 niveles de
arriba lo formaban piedras más pequeñas, pero ubicadas más simétricamente; lo
interesante de esto es que, esa diferencia en la composición, marca 2 períodos
de construcción distintos: pre inca e inca.
Pero
nuestro guía era muy didáctico-vivencial; antes de pasarnos más información nos
invitó a “tomar” la energía que emanaba de ese Templo, ahí entonces: estiramos
brazos e hicimos todo lo posible para llevarnos la esencia del lugar; después
nos contó que el entrenador del Cienciano cuando salió Campeón de la
Sudamericana, llevaba a los jugadores a entrenar allí y él consideraba que eso
fue la clave del triunfo (que no quiero ser reiterativa, pero fue contra Boca).
Algo
gracioso del lugar era que estaban prohibidas las visitas de noche desde que un
grupo de turistas lo había convertido en un antro de alcohol y orgías (y los
habían pescado, obvio…). A su vez era muy común que las novias fueran a sacarse
fotos (por supuesto no se compara con el jardín del frente de la Municipalidad
de Lanús que también van a sacarse fotos las novias).
Empezamos
a escalar hasta el mirador de Cusco, como era una subida pronunciada, hubo
gente que se quedó y a esta altura empezamos a ser fuerza para que la tía
chilena (grandecita, ella) se quedara también; pero, no… subió con nosotros y
atosigó al guía de comentarios y protestas (la vieja era una rompe bolas que además se agarró
el primer asiento del micro y fastidió a todos, lástima que los Incas, que
tenían una solución para todo, no hayan dejado nada para contrarrestar a este
tipo de gente).
En
el medio de la subida Ricardo (que repetía él su nombre todo el tiempo en las
dramatizaciones de preguntas) sacó de su mochila una especie de loción que
debíamos frotar en la manos y luego aspirar, (en Taquiles nos habían dado una
planta que también era bronco dilatadora), y esa “ayudita” nos dio el impulso
necesario para recibir el premio “mayor”: ver a Cusco en toda su extensión:
Plaza de Armas, Iglesias, Koricancha: todo lo que teníamos para recorrer en
estos 2 días…
Luego
de la observación y las fotos del caso, volvimos al micro para dirigirnos al
adoratorio Incaico de Qenqo, sin que se desprenda que tengo algo personal con
nuestros vecinos; tuvieron problemas con las entradas, eso nos hizo demorar un
poco y tensionar a nuestro
Ricardo. (y eso que lo primero que nos habían dicho era que no perdiéramos las
entradas, que nos iban a servir durante los días que estuviéramos ahí porque
eran para varios lugares).
Lo sorprendente del lugar era
el altar para sacrificios incrustado en la parte interna de su formación
rocosa, a la que se accede pasando piedras, entradas y unos escalones pronunciados.
En el altar de sacrificio podían estar pocas personas a la vez y para darle un
toque de “magia”: el lugar se mantenía frío y bastante oscuro. Allí también
funcionaba un lugar que era como una escuela de “vírgenes”, donde se las
preparaba acorde a algunas de los roles que tenían predestinado cumplir: concubinas,
sacerdotisas o candidatas a los sacrificios.
Finalmente, y dando por
terminados los recorridos de la mañana, llegamos a Tambomachay. Es un lugar Sagrado que tiene como principal
atracción: un manantial que representa nada menos que el origen de la vida,
para ellos es como la base en la que se sustenta su cosmovisión, representadas
por sus dualidades, sus niveles de desarrollo, el equilibrio y el respeto por
la Naturaleza.
Nuestro recorrido de la mañana
terminaba, por lo que teníamos el
almuerzo libre para tomar impulso para las visitas de la tarde.
A la tarde una lluviecita se
instaló en Cusco, famosa por los giros y cambios climáticos repentinos. Así que
en nuestra primera parada la capita que venía intacta, irrumpió a escena y nos
sirvió de cobija para seguir paseando igual (dejo constancia que Pety me
humilló con su capita comprada en el museo de Van Gogh (en Amsterdan, ja); la mía igual
había sido comprada en la Piazza de la Signoría en Florencia, pero… como no
tenía ni un dibujito parecía comprada en La Salada, Adriana tenía su capa,
herencia de su madre).
Bajamos en la Plaza de San Cristóbal para disfrutar
de otra vista panorámica de la ciudad que nos completaba la “mirada” vertida en
Sacsayhuaman. Nos marcó las 16 iglesias que forman el centro de Cusco (¡¡¡no les
digo que esto es la versión americana de Roma!!!).
Al salir de allí fuimos
directo al Mercado de San Pedro,
(que a mí… me entusiasme visitar un mercado cuando toda mi vida odié hasta las
ferias, significa sólo una cosa, que empieza con VE y termina con JEZ).
Pero nos encantó ir allí, San
Pedro es un gran galpón donde conoces más de cerca los productos de la zona, se
nota que lo tiene todo, abastece a la ciudad completa y nos decían que sí o sí
las mujeres van 1 vez o 2, por día al mercado. El guía (que no era el RRRRRicardo de la mañana) nos compró un
pan, que comimos alegremente (nosotras no habíamos almorzado, y se notó porque
los demás agarraban un trocito pequeño para probar, hasta que le llegó el turno
a Pety, que fue de lo más generoso con el bocado; y nos obligó a que Adri y yo hiciéramos
lo mismo para no dejarla en evidencia) y le pidió a una vendedora de yuyos (el
guía, eh… Pety: no) que nos recomendara que
comprar en caso de problemas desde digestivos hasta de virilidad, pasando por
yuyos para engualichar.
A primera vista te parece “un
gran quilombo”, pero después de recorrerlo te das cuenta que los puestos, están
bien organizados y separados por sección según lo que ofrezcan. En el mercado
todo es fuerte, estridente, puro: No hay nada suave ni desteñido.
Los aromas son tan intensos: a
cacao del Cusco,
a pan de trigo y de maíz, flores, a quesos, a carnes de vaca, de oveja y de
cerdo, fruta: Maracuyá, papaya, fresas (frutillas),
bananas, uvas, piñas, naranjas... En el mercado hay dos zonas donde funcionan comedores.
Decidimos comprar para la
cena, ya que teníamos que preparar nuestra valija pequeña, dejaríamos la grande
en Cusco, porque en el tren sólo se puede llevar una valija chica y dicen que
los controles son muy estrictos… aparte saldríamos temprano.
Así que Adri y Pety se
encargaron de nuestra cena: pan y queso (Para Pety y para mí, era un viejo menú
usado con éxito en Europa en numerosas ocasiones) (esta
vez no teníamos ni las tosties destruidas por el viaje o las sopas
Noor que nos acompañaron en días de caminata intensa) también
llevamos orégano para nuestros hogares, yo para regalarle a Silvia.
Al salir del mercado había
muchos vendedores ambulantes desparramados por el suelo, ahí sí, las
condiciones de higiene eran mínimamente, digamos…polémicas. En la puerta del Mercado
había un gran cartel que rezaba así: “Amigos de lo ajeno: prohibido entrar bajo
pena de golpiza”.
Luego, recorrimos un tramo en
nuestro micro, para llegar al Templo de
Koricancha, sin dudas éste es otro lugar para recorrer con mucho más tiempo
que el que le dedicamos, (tomen nota).
Su nombre, de origen quechua,
significa “Recinto de Oro” y se debe a que las paredes que lo forman, alguna
vez estuvieron totalmente revestidas de oro. Era un lugar sagrado donde se rendía
culto al máximo dios inca: El Inti
(Sol). En el período Incaico, sólo se podía entrar en ayunas y descalzos
(nosotras sólo habíamos mantenido el ayuno (¿?),
igual 1 de 2 no estaba tan mal).
Se Ingresa a una sala con
pinturas muy especiales, las que no podés fotografiar para luego entrar a unas
galerías techada que circunda un amplio patio, también con pinturas
impresionantes.
Koricancha está formada por
varios Templos. Del Sol, de la Luna, del Arco Iris, entre otros y un sector
precioso de Jardines y Fuentes. Me dio la impresión de estar bastante rearmado
y preparado para el turismo De ahí, a nuestro vehículo
para hacer la última parada donde haríamos el resto caminando: iríamos al Barrio de San Blas, pasando por la
Iglesia de Santo Domingo. San Blas
es el barrio de los artesanos, el guía decía que cualquiera que viniera a vivir
aquí se volvía artesano aunque no tuviese condiciones (no quise contradecirlo
pero yo podría refutar su hipótesis), también venían a especializarse y me
decía también “un compañero de viaje” con el que tuve que hacerle una síntesis
de Argentina (eso viene después) que todos los jóvenes limeños, quieren venir a
Cusco, porque se convirtió en un destino “de moda”.
Alrededor de la Iglesia hay
hermosos negocios con artistas renombrados, muy buenos y los precios acordes a
la calidad de lo que se ve: incomprable.
De la Iglesia comenzamos el
descenso por la calle Hatun Rumiyoc (tuve que buscarla, no me salía el nombre
por nada): a la derecha tenés innumerables negocios (tejidos y muchas pinturas)
y sobre la izquierda aparte de los negocios pasás por el Palacio Arzobispal, y
es imposible e imperdonable no sacarte una foto con la mundialmente famosa
Piedra de los Doce Ángulos.
Todas sus calles son empinadas
y estrechas con antiguas casonas construidas por los españoles sobre
importantes cimientos incaicos, y con hermosos balcones de estilo colonial. Nos
prometimos volver con tiempo ya que habíamos visto los ángeles arcabuceros tan
lindos que compró Javi.
Llegamos a la Plaza de Armas
para visitar La Catedral de Cusco,
que se la conoce también como: Basílica de la Virgen de
la Asunción; que con los templos del Triunfo y de la Sagrada
Familia forman el Conjunto de la Catedral, todos frente a la Plaza de Armas.
La Catedral tiene tres naves (otros
dicen que son 5) coincidentes con las tres puertas de la fachada: la central
más grande que las laterales; también tiene 2 torres laterales, una cúpula
central y sobre el frente: un reloj recostado sobre el lado izquierdo.
Se ingresa por el costado y se
sale por el otro costado. La Catedral es impresionante: los retablos, las
columnas, los arcos, los altares, techo, pisos… ponérmela a describir sería
desperdiciar palabras y no hacerle honor a lo que es, si no van a ir por ahora:
googleenla y si van, recordarán los que les dije y estarán de acuerdo conmigo
de porque no quise describirla.
Como en la mayoría de las
construcciones en Cusco, la piedra utilizada era la andesita, y el uso de la
fusión del estilo renacentista mezclada con la escuela cusqueña, tiñen el lugar
de una magia especial y logran una efecto increíble, por ejemplo: en el cuadro
impresionante de “La última cena”, se muestra que el plato que está en la mesa
para comer es un cuy (la raaataaaaa) (EL
Cuy es el conejillo de Indias para nosotros) y nos explicaba
que el dicho “la procesión va por dentro” tiene su origen aquí, cuando los
nativos escondían las cosas de su religión, dentro de las cruces y entonces al
salir en procesión: salía la cruz y salía también el tótem, entremezclando
ambas religiones.
Uno de los altares más
importante es el de El Señor de los Temblores, rodeado de ofrendas de plata y
oro, es un lugar con muchísimas velas y uno de los predilectos de los
cusqueños.
Después de recorrerla a pleno,
y ya teniendo en cuenta que nuestro guía estaba hablando desde las 2 de la
tarde, el tipo ya quería terminar. Nos despedimos del resto y fuimos a dar una
vuelta por la Plaza de Armas, seguía lloviznando, así que la
recorrimos filtrada nuevamente por una fina capa de agua y en mi memoria quedó
así asociada: Cusco-lluvia y es una combinación que queda: perfecta.
La Plaza es un rectángulo que tiene 6 sectores en
los laterales de césped (nótese que no dije: pasto) en el centro hay una fuente
de agua con imágenes de incas muy bellas sobre un polígono de pie. Lo único en
contra: muchaaaa gente.
Ya teníamos hambre y yo tenía algo importante que
hacer: comprar la taza de ¡¡¡Machu Pichu!!!. Cruzamos la plaza y fuimos a
Starbuck al que se accede por una escalera. Subimos y mientras
Adri y Pety pedían (yo mi clásico: Moka blanco con un sanguchito) me tiré
literalmente, para agarrar la taza que tenía el dibujito y decía Machu Picchu (les
recuerdo que las ví en Lima y Arequipa) llego a la estantería y las tazas en
Cusco decían: Perú y no tenían el dibujito de Machu Picchu. ¡¡¡¡¡¡Nooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo!!!!!!.
En la mesa de al lado había un grupito de chicos
que eran de Argentina, que se habían conocido viajando; venían de Bolivia y uno
de ellos a pesar de estar a un paso de Machu Picchu, se volvía al otro día, sin
visitarla porque se habían quedado sin un mango; habían partido de Bs. As.
antes de la fiestas y Febrero todavía los tenía dando vueltas; estaban muy
sorprendidos por lo caro que era Perú en comparación con Bolivia, pero sin
preocuparse de no ir al santuario, porque pensaba volver al año siguiente.
Comimos lo que habíamos comprado en el Mercado de
San Pedro y a dormir, mañana temprano a Valle Sagrado, faltaba poquísimo para
Machu Picchu.
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