domingo, 27 de julio de 2014

Cusco

10mo. día: CUSCO


Internet tiene su costado positivo y negativo, el viaje a Europa que habíamos organizado con Pety se había basado en info de ahí: los Blog de viajeros, los comentarios de los hoteles: eran “La Biblia” para mí. La costumbre de ver las opiniones que dejaban en la web eran imposible de evitar, por lo que la inercia nos llevó a la vieja costumbre y habíamos leído que nuestro hotel en Cusco: no tenía buen agua caliente en las duchas y no reponían las cosas en el desayuno (CON LA COMIDA NO SE JUEGA…); bueno, lo del agua no tenía asidero, pero lo de la reposición de las cosas del desayuno era verdad, había que esperar el café bastante y muchas cosas que se acababan no se reponían. Igual, desayunamos bastante bien y nos fuimos al hall del hotel ya que nos iban a pasar a buscar.

Esta vez éramos un grupo bastante nutrido: formado básicamente por chilenos (madre, hermana, hija, esposo, un tanto… digamos: insoportables; preguntones y quejosos: hecho que es independiente a su nacionalidad, claro) algún brasileño y una pareja de gallegos… con un guía, que más que peruano, parecía caribeño: tenía mucho ritmo al hablar, expresivo, histriónico, gracioso, se preguntaba, se respondía, dramatizaba y a todos nos quedó claro que se llamaba: Ricardo…


Nos alejamos de la ciudad y después de unos 15 minutos de avanzar por un camino con una subida pronunciada, llegamos a Sacsayhuamán, que es una impresionante ciudadela llena de colosales construcciones rodeada de hermosos paisajes. Al ingresar hay un amplio espacio libre para avanzar y al costado se encuentran los primeros muros, armado a través de encastres perfectos y en excelentes condiciones, ubicados en zigzag, insertos en 3 plataformas: representando otro de los conceptos incaicos que escuchamos todo el tiempo: la existencia de los 3 niveles: Serpiente, Puma y Cóndor.


El nivel de más abajo estaba construido con piedras grandes, los 2 niveles de arriba lo formaban piedras más pequeñas, pero ubicadas más simétricamente; lo interesante de esto es que, esa diferencia en la composición, marca 2 períodos de construcción distintos: pre inca e inca.


Pero nuestro guía era muy didáctico-vivencial; antes de pasarnos más información nos invitó a “tomar” la energía que emanaba de ese Templo, ahí entonces: estiramos brazos e hicimos todo lo posible para llevarnos la esencia del lugar; después nos contó que el entrenador del Cienciano cuando salió Campeón de la Sudamericana, llevaba a los jugadores a entrenar allí y él consideraba que eso fue la clave del triunfo (que no quiero ser reiterativa, pero fue contra Boca).

Algo gracioso del lugar era que estaban prohibidas las visitas de noche desde que un grupo de turistas lo había convertido en un antro de alcohol y orgías (y los habían pescado, obvio…). A su vez era muy común que las novias fueran a sacarse fotos (por supuesto no se compara con el jardín del frente de la Municipalidad de Lanús que también van a sacarse fotos las novias).

Empezamos a escalar hasta el mirador de Cusco, como era una subida pronunciada, hubo gente que se quedó y a esta altura empezamos a ser fuerza para que la tía chilena (grandecita, ella) se quedara también; pero, no… subió con nosotros y atosigó al guía de comentarios y protestas (la vieja era una rompe bolas que además se agarró el primer asiento del micro y fastidió a todos, lástima que los Incas, que tenían una solución para todo, no hayan dejado nada para contrarrestar a este tipo de gente).

En el medio de la subida Ricardo (que repetía él su nombre todo el tiempo en las dramatizaciones de preguntas) sacó de su mochila una especie de loción que debíamos frotar en la manos y luego aspirar, (en Taquiles nos habían dado una planta que también era bronco dilatadora), y esa “ayudita” nos dio el impulso necesario para recibir el premio “mayor”: ver a Cusco en toda su extensión: Plaza de Armas, Iglesias, Koricancha: todo lo que teníamos para recorrer en estos 2 días…


Luego de la observación y las fotos del caso, volvimos al micro para dirigirnos al adoratorio Incaico de Qenqo, sin que se desprenda que tengo algo personal con nuestros vecinos; tuvieron problemas con las entradas, eso nos hizo demorar un poco y tensionar a nuestro Ricardo. (y eso que lo primero que nos habían dicho era que no perdiéramos las entradas, que nos iban a servir durante los días que estuviéramos ahí porque eran para varios lugares).

Lo sorprendente del lugar era el altar para sacrificios incrustado en la parte interna de su formación rocosa, a la que se accede pasando piedras, entradas y unos escalones pronunciados. En el altar de sacrificio podían estar pocas personas a la vez y para darle un toque de “magia”: el lugar se mantenía frío y bastante oscuro. Allí también funcionaba un lugar que era como una escuela de “vírgenes”, donde se las preparaba acorde a algunas de los roles que tenían predestinado cumplir: concubinas, sacerdotisas o candidatas a los sacrificios.



Finalmente, y dando por terminados los recorridos de la mañana, llegamos a Tambomachay. Es un lugar Sagrado que tiene como principal atracción: un manantial que representa nada menos que el origen de la vida, para ellos es como la base en la que se sustenta su cosmovisión, representadas por sus dualidades, sus niveles de desarrollo, el equilibrio y el respeto por la Naturaleza.



Nuestro recorrido de la mañana terminaba, por lo que teníamos el almuerzo libre para tomar impulso para las visitas de la tarde.

A la tarde una lluviecita se instaló en Cusco, famosa por los giros y cambios climáticos repentinos. Así que en nuestra primera parada la capita que venía intacta, irrumpió a escena y nos sirvió de cobija para seguir paseando igual (dejo constancia que Pety me humilló con su capita comprada en el museo de Van Gogh (en Amsterdan, ja); la mía igual había sido comprada en la Piazza de la Signoría en Florencia, pero… como no tenía ni un dibujito parecía comprada en La Salada, Adriana tenía su capa, herencia de su madre).

Bajamos en la Plaza de San Cristóbal para disfrutar de otra vista panorámica de la ciudad que nos completaba la “mirada” vertida en Sacsayhuaman. Nos marcó las 16 iglesias que forman el centro de Cusco (¡¡¡no les digo que esto es la versión americana de Roma!!!).

Al salir de allí fuimos directo al Mercado de San Pedro, (que a mí… me entusiasme visitar un mercado cuando toda mi vida odié hasta las ferias, significa sólo una cosa, que empieza con VE y termina con JEZ).

Pero nos encantó ir allí, San Pedro es un gran galpón donde conoces más de cerca los productos de la zona, se nota que lo tiene todo, abastece a la ciudad completa y nos decían que sí o sí las mujeres van 1 vez o 2, por día al mercado. El guía (que no era el RRRRRicardo de la mañana) nos compró un pan, que comimos alegremente (nosotras no habíamos almorzado, y se notó porque los demás agarraban un trocito pequeño para probar, hasta que le llegó el turno a Pety, que fue de lo más generoso con el bocado; y nos obligó a que Adri y yo hiciéramos lo mismo para no dejarla en evidencia) y le pidió a una vendedora de yuyos (el guía, eh… Pety: no) que nos recomendara que comprar en caso de problemas desde digestivos hasta de virilidad, pasando por yuyos para engualichar.

A primera vista te parece “un gran quilombo”, pero después de recorrerlo te das cuenta que los puestos, están bien organizados y separados por sección según lo que ofrezcan. En el mercado todo es fuerte, estridente, puro: No hay nada suave ni desteñido.

Los aromas son tan intensos: a cacao del Cusco, a pan de trigo y de maíz, flores, a quesos, a carnes de vaca, de oveja y de cerdo, fruta: Maracuyá, papaya, fresas (frutillas), bananas, uvas, piñas, naranjas... En el mercado hay dos zonas donde funcionan comedores.

Decidimos comprar para la cena, ya que teníamos que preparar nuestra valija pequeña, dejaríamos la grande en Cusco, porque en el tren sólo se puede llevar una valija chica y dicen que los controles son muy estrictos… aparte saldríamos temprano.

Así que Adri y Pety se encargaron de nuestra cena: pan y queso (Para Pety y para mí, era un viejo menú usado con éxito en Europa en numerosas ocasiones) (esta vez no teníamos ni las tosties destruidas por el viaje o las  sopas Noor que nos acompañaron en días de caminata intensa) también llevamos orégano para nuestros hogares, yo para regalarle a Silvia.

Al salir del mercado había muchos vendedores ambulantes desparramados por el suelo, ahí sí, las condiciones de higiene eran mínimamente, digamos…polémicas. En la puerta del Mercado había un gran cartel que rezaba así: “Amigos de lo ajeno: prohibido entrar bajo pena de golpiza”.

Luego, recorrimos un tramo en nuestro micro, para llegar al Templo de Koricancha, sin dudas éste es otro lugar para recorrer con mucho más tiempo que el que le dedicamos, (tomen nota).

Su nombre, de origen quechua, significa “Recinto de Oro” y se debe a que las paredes que lo forman, alguna vez estuvieron totalmente revestidas de oro. Era un lugar sagrado donde se rendía culto al máximo dios inca: El Inti (Sol). En el período Incaico, sólo se podía entrar en ayunas y descalzos (nosotras sólo habíamos mantenido el ayuno (¿?), igual 1 de 2 no estaba tan mal).


Se Ingresa a una sala con pinturas muy especiales, las que no podés fotografiar para luego entrar a unas galerías techada que circunda un amplio patio, también con pinturas impresionantes.

Koricancha está formada por varios Templos. Del Sol, de la Luna, del Arco Iris, entre otros y un sector precioso de Jardines y Fuentes. Me dio la impresión de estar bastante rearmado y preparado para el turismo De ahí, a nuestro vehículo para hacer la última parada donde haríamos el resto caminando: iríamos al Barrio de San Blas, pasando por la Iglesia de Santo Domingo. San Blas es el barrio de los artesanos, el guía decía que cualquiera que viniera a vivir aquí se volvía artesano aunque no tuviese condiciones (no quise contradecirlo pero yo podría refutar su hipótesis), también venían a especializarse y me decía también “un compañero de viaje” con el que tuve que hacerle una síntesis de Argentina (eso viene después) que todos los jóvenes limeños, quieren venir a Cusco, porque se convirtió en un destino “de moda”.


Alrededor de la Iglesia hay hermosos negocios con artistas renombrados, muy buenos y los precios acordes a la calidad de lo que se ve: incomprable.

De la Iglesia comenzamos el descenso por la calle Hatun Rumiyoc (tuve que buscarla, no me salía el nombre por nada): a la derecha tenés innumerables negocios (tejidos y muchas pinturas) y sobre la izquierda aparte de los negocios pasás por el Palacio Arzobispal, y es imposible e imperdonable no sacarte una foto con la mundialmente famosa Piedra de los Doce Ángulos.

Todas sus calles son empinadas y estrechas con antiguas casonas construidas por los españoles sobre importantes cimientos incaicos, y con hermosos balcones de estilo colonial. Nos prometimos volver con tiempo ya que habíamos visto los ángeles arcabuceros tan lindos que compró Javi.


Llegamos a la Plaza de Armas para visitar La Catedral de Cusco, que se la conoce también como: Basílica de la Virgen de la Asunción; que con los templos del Triunfo y de la Sagrada Familia forman el Conjunto de la Catedral, todos frente a la Plaza de Armas.
La Catedral tiene tres naves (otros dicen que son 5) coincidentes con las tres puertas de la fachada: la central más grande que las laterales; también tiene 2 torres laterales, una cúpula central y sobre el frente: un reloj recostado sobre el lado izquierdo.

Se ingresa por el costado y se sale por el otro costado. La Catedral es impresionante: los retablos, las columnas, los arcos, los altares, techo, pisos… ponérmela a describir sería desperdiciar palabras y no hacerle honor a lo que es, si no van a ir por ahora: googleenla y si van, recordarán los que les dije y estarán de acuerdo conmigo de porque no quise describirla.


 Como en la mayoría de las construcciones en Cusco, la piedra utilizada era la andesita, y el uso de la fusión del estilo renacentista mezclada con la escuela cusqueña, tiñen el lugar de una magia especial y logran una efecto increíble, por ejemplo: en el cuadro impresionante de “La última cena”, se muestra que el plato que está en la mesa para comer es un cuy (la raaataaaaa) (EL Cuy es el conejillo de Indias para nosotros) y nos explicaba que el dicho “la procesión va por dentro” tiene su origen aquí, cuando los nativos escondían las cosas de su religión, dentro de las cruces y entonces al salir en procesión: salía la cruz y salía también el tótem, entremezclando ambas religiones.

Uno de los altares más importante es el de El Señor de los Temblores, rodeado de ofrendas de plata y oro, es un lugar con muchísimas velas y uno de los predilectos de los cusqueños.

Después de recorrerla a pleno, y ya teniendo en cuenta que nuestro guía estaba hablando desde las 2 de la tarde, el tipo ya quería terminar. Nos despedimos del resto y fuimos a dar una vuelta por la Plaza de Armas, seguía lloviznando, así que la recorrimos filtrada nuevamente por una fina capa de agua y en mi memoria quedó así asociada: Cusco-lluvia y es una combinación que queda: perfecta.


La Plaza es un rectángulo que tiene 6 sectores en los laterales de césped (nótese que no dije: pasto) en el centro hay una fuente de agua con imágenes de incas muy bellas sobre un polígono de pie. Lo único en contra: muchaaaa gente.


Ya teníamos hambre y yo tenía algo importante que hacer: comprar la taza de ¡¡¡Machu Pichu!!!. Cruzamos la plaza y fuimos a Starbuck al que se accede por una escalera. Subimos y mientras Adri y Pety pedían (yo mi clásico: Moka blanco con un sanguchito) me tiré literalmente, para agarrar la taza que tenía el dibujito y decía Machu Picchu (les recuerdo que las ví en Lima y Arequipa) llego a la estantería y las tazas en Cusco decían: Perú y no tenían el dibujito de Machu Picchu. ¡¡¡¡¡¡Nooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo!!!!!!.

En la mesa de al lado había un grupito de chicos que eran de Argentina, que se habían conocido viajando; venían de Bolivia y uno de ellos a pesar de estar a un paso de Machu Picchu, se volvía al otro día, sin visitarla porque se habían quedado sin un mango; habían partido de Bs. As. antes de la fiestas y Febrero todavía los tenía dando vueltas; estaban muy sorprendidos por lo caro que era Perú en comparación con Bolivia, pero sin preocuparse de no ir al santuario, porque pensaba volver al año siguiente.

Ahí nos fuimos a caminar tranquilas por las calles de San Blas y entramos a cuanto negocio vimos, nos sacamos una foto en la piedra de los 12 ángulos nuevamente, por las dudas, averiguamos en un negocio hermoso de marcos de madera, vimos unas botitas de gamuza (como las que habíamos visto en Pukará, pero más lindas aún) y nos fuimos para el Hotel. Había que preparar las valijas. En la chiquita llevar: 2 pares de zapatillas, capa ,un abrigo, la malla por si íbamos a las termas y ¡¡¡ya está!!!. No había más lugar…

Comimos lo que habíamos comprado en el Mercado de San Pedro y a dormir, mañana temprano a Valle Sagrado, faltaba poquísimo para Machu Picchu.






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