11er. día: VALLE SAGRADO.
Dejamos nuestra valija grande para que se
quede unos días más en Cusco, eso también deberíamos haber hecho nosotras; 2
días en Cusco es muy poco, por lo menos 4 ó 5 días es lo recomendable. Una
pequeña traffic nos llevó a otro lugar donde íbamos a abordar un vehículo más
grande, llovía bastante y al cambiar vimos con
alegría que estaba la familia chilena y la Reina de las preguntas y las
protestas. Igual partimos a El Valle Sagrado, teníamos previsto algunos puntos
interesantes para recorrer.
Nuestra primera parada era Awanacancha, que
es un complejo educativo-comercial (esta descripción es un invento mío) creado
por un proyecto autóctono que mancomuna comunidades aborígenes que tienen, en
el tejido, su principal actividad económica y, obviamente su forma de vida
(esto no lo inventé) (Espectacular la explicación Betty, no se puede creer, no
podrías haberlo dicho mejor…).
El micro quedó afuera, al ingresar tomas
contacto con unos corrales donde hay llamas, vicuñas, guanacos y alpacas, con
todas las variedades de cada una, los bichos la tienen re clara con el turismo
por lo que se dejan tocar y también: alimentar. El tomar contacto con esos
animalitos tan lindos, hace resurgir automáticamente los deseos infantiles de
alimentarlos cual si estuvieras en el zoológico, y no importa cuantas decenas
formen tu edad, en ese momento lo único importante… es que alguien te saque una
foto (y que el guanaco no te escupa, claro).
Después que pasás ese nivel y recordás que sos un adulto y debes actuar
como tal, vas pasando por distintos lugares donde te muestran y explican cosas
que tienen que ver con las actividades económicas de la cultura incaica, por
ejemplo están expuestos los tipos de maíces que tienen: clasificados por tamaño,
colore, saqué fotos de eso y se las mandé a Alan, (¡¡¡futuro chef!!!); también
le mandé los distintos tipos de papas, que en Perú hay más de 7 tipos
diferentes y él, en agradecimiento a la información, me hizo una recomendación
muy buena, me dijo que probáramos el postre “Suspiro limeño” (crema espesa compuesta de leche, almendras, azúcar y
merengue, servida en una vaso de vidrio) lo probamos ese mismo
mediodía y realmente valía la pena.
Después
llegamos a la parte donde un grupo de mujeres nos enseñaban todo el proceso del
tejido, en forma muy didáctica. Dividido en estaciones, te mostraban:
extracción de la lana, hilado, y las “actividades estrellas” del lugar: como
obtienen los tintes y como las tiñen: los tintes se hacen a partir de plantas
naturales: ortiga, sauce, entre otras. Los hacen hervir en ollas de barro para
el tenido de la lana. Después muestran cómo se teje en telares y con agujas
(unas verdaderas genias) formando esas figuras y dibujos tan bellos y
característicos. Pero lo impresionante es la variedad de colores de las lanas:
son tan vivos, intensos y especiales, que hasta yo tenía ganas de comprar una
madeja y tejer; después, por supuesto, me contuve y volví a la realidad: me
imaginé la madeja arriba del sillón, la Dyna agarrándolo, yo después limpiando
los muebles con eso, etc., etc., y dejé que las 2 artistas del grupo: Adri y
Pety compraran lanas y le dieran forma con ellas a sus vetas artísticas; es más
Adriana ya está tejiendo una bufanda con lo comprado.
El lugar
está muy bien organizado, ojalá realmente le den la posibilidad a todos esos
grupos de pueblos originarios como dice el proyecto que se hace, estaba
bastante armado para el circuito turístico. siguiendo el camino, entrabas a un
negocio, tipo de exposiciones: es pec ta cu lar, donde te querías comprar
toooodoooo, estaba también una marca conocida de tejidos de baby alpaca, con
cosas preciosas que ya habíamos visto en Cusco, aprovechamos y le compramos
preciosas bufandas a Alfre y Javi. Pety se compró tres ovillos de lana color
mostaza, verde y rojo y Adri uno de color verde.
Ahí
retomamos el bus que nos estaba esperando afuera y seguimos viaje para bajar
unos minutos más tarde, para ver el comienzo del Valle Sagrado, y el comienzo de sus terrazas imponentes, a esa
altura cuando descendimos caían unos gotitas y estaba brumoso, pero ya la vista
del Valle Sagrado, te hacía correr por todo el cuerpo una emoción por lo que
estaba por venir.
Nuestra
próxima parada era el Mercado de Pisac,
ahí nuestro guía que veía muchas mujeres en la formación del grupo y se
imaginaba lo difícil que iba a ser sacarnos de allí, prefijó el lugar donde
íbamos a rencontrarnos y la hora; haciendo hincapié en lo puntual que teníamos
que ser.
Primero
fuimos todos juntitos a una Joyería donde nos explicaron como reconocer la
plata en anillos, dijes y nos explicaron el proceso de extracción y armado de
las joyas que sinceramente no retuve demasiado (mi cabeza ya no daba más de
tanta info en tan pocos días). Aprovechamos y le compramos el anillo a Angélica
muy bonito y nos separamos todo el grupo para sumergirnos en el Mercado de
Pisac, que es inmenso. Pety había ido en su anterior visita y no podía creer lo
que había crecido en este tiempo. (22 años Betty).
Empezamos
a recorrerlo… están todas las categorías y todooo lo que se te ocurre comprar.
Yo quería terminar mis compras porque, locamente, quería solo tener mi mente
preparada para Machu Picchu, no quería que nada me molestara.
Y
empezamos a recorrer pasillos… y caminamos… y te llaman, te ofrecen, te
regatean, te siguen… bue… yo compré una mantita para mi mamá, una quena: que se
la encargué a Pety que iba a comprar para el Jacarandá. Pety compró una quena y
un Síkus, Adriana no me acuerdo.
En unos
de los pasillos me empieza a seguir un nene de unos 6, 7, 8 años (jojjoooo),
primero me tira palabras en inglés (vieron que yo tengo ese aspecto tan marcado
de turista europea), cuando le digo que me hable en español, me pregunta de
dónde soy.
-¡Argentina!
Le digo.
-Ah,Argentina.
Presidente: Cristina de Kirchner /
Capital: Bs. As. /
Jugador
de Futbol: Messi…
Conclusión:
pagué la ocarina más cara de la historia, mientras que otros de los enanos que
estaban con él, me decían que el precio era caro porque él pagaba la ocarina
sólo 20 centavos de soles. Fue muy gracioso, pero también era impresionante
como ya de chiquitos se preparan para vivir de esto que es el turismo (qué
remedio les queda…) y así de chiquitines empiezan tirando palabras en inglés y
de grandes mal o bien hablan inglés, por lo menos rudimentariamente para
sobrevivir en este mundo donde el Turismo cumple un rol primordial.
Ahí
compramos con Adriana unos posavasos muy lindos, que ella convirtió en
cuadritos para sus hijos y en mi caso los tengo sobre la mesa del living y
juego con ellos cambiándolos todos los días de forma de presentarlos (no me pidan
más que eso).
Retornamos
a las corridas cual Cenicientas a la medianoche, al lugar de encuentro, ya que
se cumplía el plazo y llegamos a tiempo para irnos a almorzar a un lugar
paradisiaco, era una casona colonial antigua, a la que ingresabas por un pórtico
de piedra en medio punto, de ahí bajabas por unos escalones y avanzabas por un
camino central: en los 2 costados, jardines con vasijas, plantas y un par de
aves tipo papagallos. De ahí veías de frente la casona: la parte de arriba
podría ser una hostería supongo, y la parte de abajo ingresabas a un amplísimo
lugar dividido en sectores: paralelo a la calle una galería donde estaban los
platos a servirse , hacia la izquierda camino a los baños, había una ambiente
con mesas preparadas como para un grupo grande con cuadros y decoración andina,
después descendías a un patio cubierto pero abierto con vista a un parque con
un especie de manantial, donde delante, un músico desplegaba una serie de
instrumentos andinos que iba utilizando de acuerdo a lo que tocaba (música
andina, obvio; no era la lambada) y hacia la izquierda otro salón especial, con
vajilla preciosa y una araña imponente. A esta altura a mí, tan bello todo… hasta me parecía demasiado.
Después
de almorzar como si fuéramos de la nobleza, nos acercamos a felicitar al músico
que acompañó toda nuestra comida y al que ni siquiera se lo aplaudía y le
compramos un CD (Pety se lo regaló a su amiga Moni y yo a Lucrecia) el chico
nos dijo que pertenecía a un dúo, pero que su compañero estaba tocando en otro
lugar (lo encontramos al otro día cuando fuimos a almorzar).
Pero
había que partir, nos tocaba conocer Ollantaytambo que es un pueblo de
la época inca, y uno de los pocos que siempre estuvo habitado, muy típico… con
sus viviendas e iglesia, que se encuentra en la base del lugar.
Ollantaytambo fue centro militar, agrícola y religioso para
administrar y controlar El Valle Sagrado de los Incas; esto se
deduce por las construcciones que eran para depósitos agrícolas y para uso
militar como murallas y torreones de vigilancia .Nuestro guía nos dijo que eran
150 escalones que separan la cumbre de la parte baja, y este tipo quería que
las subiéramos después de lo que habíamos almorzado… le preguntamos porque no
se encaraba el ascenso antes del almuerzo, él nos explicó que antes lo
proponía, pero un día una turista se quejó y no lo dejaron volver a cambiar el
orden.
Como es
también un Templo, hay lugares de adoración: se observa un lugar de purificación y culto al agua (abajo, donde
aún emana agua que sigue un circuito) y otro lugar con grandes bloques
de piedra finamente trabajadas ubicadas en la terraza superior (Templo del Sol). Las paredes fueron
reconstruidas porque las originales fueron destruidas por los españoles, quedan
solo un par de paredes originales, porque parte del proceso de aplastamiento de
la religión local, tenía que ver con no dejar vestigios de esos lugares (por
eso también sobre ellos se construyeron
las iglesias).
Desde ahí
se observa el comienzo de camino del Inca y también ahí tomaríamos el tren para
ir a Aguas Calientes.
Pero bueno ahí estábamos y el Templo era muy
bello, imaginábamos que de arriba la vista sería inigualable, así que encaramos
la subida. Igual un grupete se quedó: la madre chilena (la vieja rompe bolas) y una
pareja de españoles, al gallego lo dejamos tomando un whisky y cuando volvimos
seguía tomando, pero no era el mismo, se los aseguro. La tía subió… empecé a
respetarla al ver que se bancó toda la subida, pero preguntó excesivamente, y a
esta altura era el terror de los guías.
El guía excelente, como todos, nos hacía
ascender en tramos cortos y explicaba como excusa para descansar, lo que se hizo
llevadero la llegada a la cumbre. Que fue muy lindo porque aparte se veía el
pueblo, el camino del Inca y estábamos un pasito más cerca del cielo.
Al bajar, el vehículo nos iba a llevar a cada
uno a nuestros hoteles. Nuestro Alojamiento era en el Valle Sagrado. Estaba
alejado del pueblo, de pasada el guía nos explicó cómo llegar a él desde
nuestro hotel si queríamos ir a conocerlo o a cenar; había que caminar unas 20
cuadras y sino un mototaxi. (Nunca viajamos en mototaxi…).
Las calles eran de tierra y como mucho con un
mejorado, en eso entramos por una especie de arcada grande de piedra y un
precioso hotel apareció. El ingreso era por un hall amplio con un gran espejo,
cuadros, sillones y un lugar para tomar el consabido té de coca. Ahí nos
llevaron a nuestra habitación. El hotel tenía jardines con fuentes en el sector
central y también a los costados, muy cuidado, y las habitaciones, eran
edificaciones separadas entre sí.
La habitación era inmensa, siempre las camas
eran de dos plazas para cada una, como si fuera poco la habitación tan amplia,
una puerta ventana nos conectaba con un balcón con mesita y sillas que daba a
un jardín, sin palabras. Peroooo, nada en esta vida es perfecto, por eso es
vida y para conectarte tenías que ir a la recepción del hotel, no podías
hacerlo desde las habitaciones.
Decidimos ir a conocer, no hasta el pueblo,
sino por los alrededores, veíamos desde la entrada del hotel una cúpula que
parecía de una iglesia, le preguntamos al de la recepción que era y nos dijo
que era un hotel que se había emplazado en una antigua estancia o algo, que
contaba con capilla propia, original de la casa; el empleado había trabajado
ahí y nos dijo que era preciosa y que pidiéramos que nos dejen conocerla. Y ahí
nos fuimos, llegamos y le pedimos al que estaba en la puerta y después de
algunas dudas nos dejó pasar. En la entrada que era un gran jardín, a los
costados una especie de galería vidriada donde había 2 mujeres tejiendo, y al
otro costado ingresabas a la capilla, preciosa, hasta con un órgano… que
decirles, son lugares únicos.
Después volvimos para el hotel, la idea no
era ir para el pueblo, así que pedimos en el restaurant una ensalada, una
porción de pollo y la combinamos con el resto de queso que nos quedaba del
Mercado de San Pedro, con unas cusqueñitas, cuyas etiquetas y tapita tenían el
dibujo de Machu Picchu (que las guardamos para traerlas de recuerdo).
Y a dormir mañana Jornada completísima.
No hay comentarios:
Publicar un comentario