domingo, 27 de julio de 2014

Machu Pichu final!!!

14to. día: MACHU PICCHU/CUSCO | INC: D.


Al final, habíamos logrado dormir, o algo así… Al despertarme, no pavee nada en la cama y me tiré a la ventana a ver si la calle estaba inundada y en qué condiciones estaba el Urubamba. (En realidad no era necesario mirar por la ventana, con que solo no estuviera mojado el piso al bajar de la cama era suficiente… no, no exagero nada.).

Todo igual: feo, llovía, el Urubamba a full; pero en otro milagro a agradecer no se había salido de su cauce, estaba obedientemente allí, siguiendo su curso; parecía que íbamos a poder volver a Machu Picchu después de todo. No creía que tuviéramos la oportunidad subir a la “Puerta del Sol” con esta lluvia, pero, de última recorreríamos toda la ciudadela otra vez para grabar a fuego las imágenes.

De allí nos iríamos directo a la estación de tren para nuestra vuelta a Cusco, por lo que había que dejar las valijas listas, ya que el encargado del hotel nos llevaría todo directo a la estación, así no teníamos que volver a pasar por ahí a la vuelta.

Bajamos a desayunar, dejamos todo y nos fuimos a tomar el ómnibus para arribar a Machu Picchu (el 1ro. de los micros sale 5:30, y lo aprovechan los que van a ir al Huayna en el 1er. turno). El día estaba decididamente espantoso.

Comenzamos la subida y la lluvia iba cediendo, al llegar allí, entramos decididas a encarar hacia “Intipunku” o “Puerta del Sol”, porque no estaba lloviendo, ni estaba tan húmedo. Esta vez Adri tenía el pasaporte por lo que lo selló, dejando la impronta de su visita. Pety y yo también volvimos a sellarlo; me parecía lógico: si me habían sellado dos veces Madrid porque había ido 2 veces… lo mismo para Machu Picchu, así que nuestro pasaporte tiene doble M.P. (el mío también!!!!) dije: NUESTROOOOOO.

Encaramos el camino a “Puerta del sol”, habíamos traído el mate y la idea era, al llegar arriba tomar unos mates mientras descansábamos; no llevábamos nada para comer porque en realidad no estaba permitido. Comenzamos el ascenso, el camino no era terrible, simplemente un poco cansador. Comenzábamos a ver las Ruinas, desde el costado, y estaba muy bueno mirarlas desde esa perspectiva. Nos cruzábamos con algunos que bajaban, extranjeros obvio y parecía un muestrario de idiomas. Luego de un largo rato, nos llevó cerca de 2 horas y ya cansaditas en el último tramo, llegamos a Intipunku.


Los últimos escalones son bastante pronunciados, accedés a donde está el mirador de piedra donde podés sentarte en alguna de las plataformas para observar todo desde una terraza privilegiada: de frente un especie de gran depresión que pareciera ser el origen de la bruma que invadía el lugar. Cuando nos sentamos esa espesa bruma te impide ver todo y de repente pensás: ¿¿¿y para que subí, sino se ve nada???.


Pero hete aquí que esto es parte de la magia del lugar: no ves más que una espesísima atmosfera brumosa, con vapor que asciende y de repente: plaf, se despeja y ante tus ojos: parte del Urubamba, el camino en perfecto zigzag que hace el micro para llegar y Machu Picchu como la gran postal que todos vimos hasta el hartazgo; pero no es postal, es… ¡En vivo y el directo!.


La Puerta del Sol es el tramo final del Camino del Inca y es el primer punto desde donde el caminante ve el Machu Picchu tras su esfuerzo de 4 días (de los que teníamos alrededor ninguno). También es el punto exacto por el que entra el sol en la ciudad el amanecer del día del solsticio de invierno, iluminando en ese momento la ventana del templo del sol, de ahí el nombre de “Puerta del Sol”.

Empezamos a preparar el mate, mientras Pety preparaba el trípode para sacar las mejores fotos; al empezar a matear ya sentimos los primeros gritos: -Mateeeee, gritó un profe de Educación Física que estaba llegando… también al rato, decididamente se nos acercó una mendocina que se prendió a la ronda, ya que hacía un montón que no tomaba mate, porque habían emprendido su viaje hacía unos meses sin yerba (no sé a quién se le ocurre…, con Pety cuando fuimos a Europa, en Paris nos habíamos quedado sin yerba y conseguimos un negocio de venta de productos argentinos donde repusimos las provisiones, también vendían: Gancia, cerveza Quilmes, Bonobom y bizcochitos “Don Satur”) en compensación a la mateada nos trajo unas nueces y otras cosas para picar…


Después de un largo rato de ver como se tapaba y se descubría de acuerdo a los caprichos del vapor, emprendimos la vuelta; la bajada al principio se hizo dificultosa ya que bajábamos de frente a la altura de las escalinatas de piedras, contrariamente a la llegada que estábamos de espaldas y eso aportaba un plus de vértigo.


Nos quedaba la última recorrida por Machu Picchu antes de la partida, una recorrida lenta nos sirvió para despedirnos por cada sector de ese maravilloso lugar… empezaba la lluvia otra vez con intensidad… bondadosamente cuando nos teníamos que retirar y para no alargar penosamente la despedida.

Todavía no habíamos comido nada, así que a la llegada a Aguas calientes, con una decidida y fuerte lluvia, que nos había hecho sentirnos muertas de frío, entramos aun barcito a tomarnos un capuchino y un riquísimo sándwich. Riquísimo estaba, pero a mí me no me cayó muy bien y a Pety tampoco.

Ahí nos fuimos caminando a la estación de tren a esperar nuestras valijas y acceder al tren que salía a las 16:30 aproximadamente (Hummmm no estoy tan segura del horario) después de recibir las valijas, nos sentamos hasta que llegara la hora de arribar al tren, el viaje de vuelta fue agradable y sereno…

Pero en esta vuelta no llegábamos a Cusco directamente como en otros momentos del año, debido a que estábamos en época de lluvias (¿en seriooo?) nos bajaríamos en (hidroeléctrica, era?????????) para hacer el transbordo a un colectivo que nos llevaría a la bella Cusco. Ahí ya había oscurecido y un poco desordenadamente, pero bien, subíamos al micro siguiendo un ¿Orden?. Una azafata o como se llame nos hacía llenar una planilla: yo estaba en el 1er. asiento y Pety y Adri en el 2do., conmigo se sentó un hombre que cuando vio “Argentina” cuando escribí mi lugar de origen, empezó una conversación que duró las 2/3 horas que duró el trayecto.

Gracias a Dios que soy maestra y me encuentro interesada en la política, espectáculo, etc., etc. Todos esos conocimientos (hasta esos que no tenía la menor idea que había adquirido en algún lado) los usé con mi compañero de viaje que me tomó como fuente de información turística Argentina.

El 1er. tema de la conversación fue (sin repetir y sin soplar) presidentes argentinos posteriores a la dictadura; tuve que enunciarlos, con años, principales características de su gobierno, política económica, opinión personal… después de la seriedad del primer tema, y sin solución de continuidad, pasamos a vida y obra de la Coca Sarli (había visto sus películas) ahí me sorprendí de todas las cosas que sabía sobre ella y con la misma seriedad que le hablé sobre el Plan Primavera o la Ley de Obediencia Debida, le informe sobre la relación extramatrimonial que tenía con Armando Bo, los hijos que había adoptado (¿y de donde sabía yo esas cosas….? hasta el nombre de los pibes sabía) y su amor por los perros, hasta su vuelta al cine con Polaco (¿?). Después pasamos al tema: Su Gimenez (¿vivaaaaa?), Monzón, Palito Ortega (no comprendía cómo no me gustaban sus canciones), Maradona y Messi. Programación y características de la Televisión argentina. Encima estaba tan informado que yo quería mostrarme también conocedora de Perú y quería nombrar uno, aunque sea un artista, cantante, algo peruano…, nada y ni un solo nombre pude tirar. Aparte hablé maravillas de la empresa de turismo que nos atendió (Pacífico) y cuando bajamos veo que su campera tenía el nombre de la empresa competidora… (Condor Travel) mmmmmm.

Con la garganta dolorida de tanto hablar y dar lección (parecía que sacaba una bolilla de un tema que tenía que desarrollar en un examen), llegamos a Cusco, donde nos esperaban micros que nos llevaban a los distintos hoteles. Jamele que había estado haciendo cuentas a ver si llegaba a encontrar el negocio abierto para comprarse las botitas, a esta altura estaba desesperada y menos mal que no sabe manejar, sino creo que saca al chofer del volante y maneja a 200 km/ hora con tal de encontrarlas.

Al final llegamos al hotel, yo entré con las valijas y Adri y Pety (¿? ¿Yo fui con Adriana? ¿estás segura Betty?) “volaron” al negocio y por suerte se compró las botitas que son muchísimo más lindas que las mías, así que valió la pena…

Después nos quedaba cenar y armar todo, para irnos tempranísimo para el aeropuerto para nuestro retorno (a Buenos Aires previa escala en Lima), seguía lloviendo… entonces nos fuimos a pasear un poco, compramos postales y fuimos a un Supermercado donde compramos unas botellas de Pisco para traer a Bs. As. y creo que nada más.

No era cuestión de innovar demasiado así que repetimos la Pizzería de la vuelta del hotel que habíamos ido nuestra 1ra. noche en Cusco. Después de eso a dormir, preparándonos para la despedida.

Al otro día tempranísimo nos pasaron a buscar y ahí nos quedaban los aeropuertos y la vuelta a Bs. As., en un viaje que sólo le cabe el adjetivo de ¡perfecto!.




Machu Pichu I

13er. día: VALLE SAGRADO /MACHU PICCHU


¡¡¡¡¡¡¡¡Gran Día!!!!!!!!!!!! Nos esperaba Machu Picchu, casi todo mi vida esperando este momento y estaba ahí… a un paso…

Nos fue a buscar una traffic llena de brasileños y un portugués casado con una brasileña, que al subir me preguntó de donde era e hizo un chiste con el fútbol que ni me acuerdo, pero era buena onda y en un momento que estábamos portuñolando solos me dijo que él no era brasileño, creo que queriendo congraciarse conmigo.

Íbamos a Ollantaytambo, de ahí partía el tren a Aguas Calientes. Dejamos las valijas, que casi no miraron, (para esto nos habíamos hecho un problema y habíamos dejado cosas sin poner porque supuestamente “eran muy estrictos” con el peso) y después de esperar un rato subimos al tren. Otra vez la erré… me había imaginado que el tren era viejísimo y hecho bolsa y era espléndido, tenía el techo transparente para que observes las montañas y la espesa selva por donde se abría camino, con servicio y desayuno incluido, venta de productos, etc…Los peruanos la tienen re clara.


 Al avanzar por el camino se agregó la compañía inseparable y ruidosa del Urubamaba… al que es imposible de ignorar (menos en Aguas Calientes) porque avanza con una energía y potencia envidiable.


A poco de instalarnos venía la parte del desayuno: infusión y algo para comer, Adri y Pety iban en los asientos de costado y yo con un chico: chino, coreano, que sé yo. Fue empezar a movilizarse el tren y sentir que inesperadamente una gran emoción me embargaba, por supuesto: la dejé salir y lloriquié tranquila mientras disfrutaba el paisaje a Aguas Calientes. Era avanzar, y pensar 2 cosas: como m… los Incas se abrían paso por este camino rumbo a Machu Picchu (la selva parecía impenetrable) y en el accionar de “sendero Luminoso” obviamente escondidos allí eran muy difíciles de ubicar.

Después de, más o menos, una hora y media llegamos a Aguas Calientes, allí nos esperaba el encargado del Hotel que nos llevó las valijas directamente y nuestro guía, que nos dio el boleto para subir a las ruinas en uno de los colectivos que salían casi constantemente (se llena, sale, se llena, sale), subimos: Adri y yo en un asiento en el costado derecho y Pety con el guía en el izquierdo. El guía le cuenta a Pe que habíamos tenido suerte ya que, recién el día anterior habían vuelto a salir los micros desde Aguas Calientes haciendo el recorrido completo; dicho recorrido había estado anulado por la caída de una gigantesca piedra (con sus hermanitas) en medio de la ruta de acceso. Hasta hacía una semana había que combinar: caminata - micro. Y es más, al principio había que subir caminando hasta la entrada propia a Machu Picchu, (entre 3 a 4 horas de caminata). Por suerte, esa piedra había caído en la madrugada (si caía durante el día: le pegaba a un micro seguro, porque los ascensos y descensos son constantes). Nos contó que, a pesar de la larga y pesada caminata, casi el 90% de las personas accedieron igual a Machu Picchu; sólo los ancianos y los impedidos físicamente habían desistido de subir, obviamente sino estás en condiciones, imposible encarar la subida y después la recorrida allí (y el posterior descenso volviendo claro).

Pero como nuestro viaje estaba “angelado” ya todo estaba solucionado para nuestra llegada. Cuando pasamos donde había caído la piedra, resultaba imposible que no comenzara a correrte un frio sudor por la médula… impresionante el tamaño de esas piedras e imposible no pensar en las consecuencias que ocasionaría si era durante el día. Estaba funcionando todo un sistema de control (igual por más que te hagan señas de una de esas piedras no zafas seguro) en cada curva, contra curva; había banderilleros con carteles que indican seguir o parar indicándole a los micros: todos intercomunicados por radios y otros mirando para arriba como para detectar más rápido si venía un desmoronamiento de rocas: corréééééééééé…

Al fin llegamos, cuando falta poco: vas viendo alguna terraza o un adelantito, pero justamente lo que tiene de impactante Machu Picchu es que está en juego la dicotomía. TODO/NADA; no ves nada y de repente…ahí está todooo.

Bajamos en la parada de los micros, sólo restaba subir una escalera de piedras, entregar tu entrada, recibir un mapita, avanzar unos pasos y ahí tenés una mesita donde hay un par de sellos que dicen “Machu Picchu” para estampar en tu pasaporte, por supuesto lo hicimos (Adri no porque no lo había llevado).

Ahí el guía nos reunió y explicó que había que subir lugares un poco altos (tampoco era para tanto) y empezó con las explicaciones… ¿pueden creer que fue el peor guía de los que nos tocó? Debo decir a favor de él que el grupo no era muy estimulante, ya empezamos que, de entrada, uno no quiso subir y los brasileños eran macanudos, alegres, pero… un tanto dispersos. Si la explicación sobrepasaba los 3 minutos empezaban los comentarios que no tenían nada que ver; y no hablemos si veían de lejos al que se había quedado: le gritaban y lo saludaban como si hiciera 15 días que no lo veían. Les juro que a la media hora estaban preguntando cuanto faltaba y a qué hora y donde iban a almorzar; y cuando el guía les dijo algo así como que aguanten y dijo “miren ellas que se van a quedar toda la tarde acá” nos miraron con cara rara, nos preguntaron ¿por qué?, no comprendieron nuestras razones y parecía que le estaban haciendo un favor al Guía cuando escuchaban sin interrumpir.

Consejo para los que van a venir: si se pueden quedar todo el día como nosotras: genial, si pueden ir 2 días como nosotras: recontra genial, pero…si sólo van por unas horas, vayan después del mediodía. A la mañana Machu Picchu está más lleno que Rivadavia previa a Navidad, te querés sacar una foto en la puerta de entrada (a pesar del tamaño de la ciudadela hay una sola puerta de entrada y es pequeña… hablamos del valor simbólico, ¿no? Entrar: entrás por cualquier lado) tenés que esperar media hora, le ponés cara de orto a medio mundo porque se cruzan e igual así, va a salir gente en tu foto, arruinándotela. Nosotras quisimos sacar las fotos igual, sin saber que a la tarde la cantidad de gente mermaba muchísimo (por eso paso el dato). Mejor es: escuchar al guía y a la tarde volver a recorrerla y fotografiar tranqui (y si se puede no tener un grupo de brasileños, o por lo menos, éstos brasileños).

Después, en la propia entrada, nos contó de la llegada casi accidental de Bingham y todo eso… ahí la ansiedad por ver “la clásica postal” hace que quieras que esta parte la haga corta y te deje enseguida  enfrentarte cara a cara con la ciudad.

Subimos unas pronunciadas escaleras y de repente… el esplendor, la magnificencia en su máximo exponente, la belleza en su plenitud… silencio, emoción, un sinfín de sentimientos y emociones se entremezclan y te transportan…

Y confirmás que valió la pena la espera…

Y agradecés… al Universo, a Dios, a Wiracocha, a… quién sea… poder vivir este momento.


Después de las 3000 fotos que no podés evitar sacar, comenzó la recorrida… encima el plus del diseño de nuestro tour que estaba armado perfectamente (según mi criterio): primero vimos Templos, vimos Adoratorios, vimos lugares de almacenamiento, lugares de Ingeniería genética en Agricultura (Koricancha, Sacsayhuaman, Qnco, Moray) y acá veíamos todo junto y maximizado: Templos, vivienda del Inca, vivienda del pueblo, escuelas, sector agrícola, escalinatas, terrazas, observatorio astronómico, plazas, fuentes… todo, arquitectónicamente planificado, perfectamente ejecutado, ocultado entre dos montañas para agregarle una dosis de misterio, si es que hiciera falta agregar algo, todo enlazado para que el impacto… te parta la cabeza… y la energía que emana el lugar, te cargue de espiritualidad y una inmensa paz que llega a su climax a la tarde, cuando el flujo de turistas merma y te quedás solo… entre la impronta visual del lugar y la sensación de plenitud jamás experimentada anteriormente, porque es el resultado de la perfección, porque Machu Picchu es… perfecto.



Algo gracioso que cortó el clima místico, digamos… fue cruzarnos con un grupete de orientales (como en cualquier parte del mundo que recorras, hay montones, con sus geniales cámaras) que tienen por costumbre sacarse fotos saltando” (una está bien , es linda, pero… ¿¿¿todas saltando???) a parte de ver como brincaban al lado de precipicios y lugares que si le erraban al saltito se mataban… en un momento mientras recorríamos el Camino peatonal al poblado (sector izquierdo mirando de frente a la puerta de ingreso) y subíamos una pronunciada escalera: nosotras bajábamos, ellos subían… escucho al Guía que les dice algo del lugar (que mi inglés básico no llegó a comprender) y como leyéndoles la mente les grita “NO JUMP”, creo que ahí el Guía creyó que perdía la mitad de los chinos en esa escalinata… (No era tan grave.. del otro lado del mundo hay como 2.000 millones más. Un saludo al INADI 2, El Regreso).

Y ya terminando el recorrido, el Guía se despide de nosotras, para llevar a nuestros compañeros a almorzar (En Aguas Calientes) y nosotras nos dirigimos al Restaurant de arriba (está al lado de la entrada) (Es parte del restaurant del hotel donde me hospedé la vez anterior que fui a Machu Picchu, ¡¡¡cuántos recuerdos!!!) donde un riquísimo almuerzo con el acompañamiento de un grupo musical redondeaba una hermosa mañana. Nos quedaba reingresar y recorrer ahora a nuestro ¡¡¡Piacere!!!.

Empezamos un recorrido lento con la sorpresa que había muy poca gente a esta altura del día… (¿Viste?, te lo había anticipado, se venía la tarde más lenta y más tranquila de ruido y de gente) caminamos, subimos, bajamos, tengo que decir que no podía evitar, avanzar unos pasos y volver a mirar para corroborar que todo estaba ahí aún y grabar cada imagen en mi retina.


En un momento Adri se quedó a contemplar la ciudad en un lugar soñado de marcadas terrazas, mientras Pety y yo seguimos recorriendo (yo tenía una energía contenida que me impedía quedarme quieta), después de un rato nos rencontramos con Adri que nos dio la idea de sacarnos una foto señalando con un dedo al Huayna (de esas fotos como empujar la Torre de Pisa, o las clásicas en el Salar de Jujuy), que la había copiado de un Guía; y ya cayendo la tarde, empezamos una recorrida lenta despidiéndonos hasta el otro día.

Como si todo lo anterior fuera poco, vimos como uno de los encargados comenzaba a juntar a las llamas en un sector… (Las tienen para que coman el pasto y que quede prolijito) llevaba también a una bebé que nos dijo que si no la unía con las grandes no sobreviviría a los zorros esa noche. Esa ceremonia de acarreo fue un regalo extra que Machu Picchu nos regalo…



Allí nos cruzamos con una chica creo que alemana ella, que nos preguntó si sabíamos a qué hora salía el último colectivo para Aguas calientes, era música de una Orquesta de su país, le encantaba viajar sola, conocía muchísimos lugares de Argentina, hablaba un perfecto español y nos contó que sus padres estaban también en Perú y llegamos a la conclusión que coincidiríamos con ellos en el vuelo a Argentina que era su próximo destino.

Comenzamos el descenso, nos fuimos al Hotel, que era lindo, cómodo y se encontraba de frente al Urubamba, nuestra ventana nos ubicaba en Palco directo al Río. Al rato de estar con la ventana abierta, tuvimos que cerrarla porque el ruido que hacía el río era… ¡impresionante!.


Ahí salimos a pasear, recorrimos un mercadito con puestos de cosas muy lindas, compramos unos llaveros, una taza para mi colección (ya se me rompió y ahora va aser parte del mural de mosaiquismo que está haciendo Adri en su jardín), Adri se probó botitas en todos lados (temíamos no llegar a Cusco con tiempo de volver al negocio que las había visto) no se las compró ya que el regateó no llegó a los índices necesarios.



Descartamos ir a las Termas, estábamos cansadas, había que subir bastante y no quedaba demasiado tiempo, seguía lloviendo bastante fuerte… había comenzado ya en nuestra vuelta en micro.

Después teníamos la cena en el mismo hotel… la cena fue muy rica, del tipo Restaurant Goumet y nos fuimos para descansar para nuestra vuelta a Machu Picchu y a Cusco al día siguiente. El guía nos había recomendado (para el día siguiente a la mañana) encarar para la “Puerta del Sol”, se llamaba así porque el encuentro de dos montañas formaba una especie de V corta donde el sol emergía en el amanecer dándole sentido al nombre del lugar, también era la puerta de entrada para los que hacían el camino del inca (caminando) o ir para el Puente del Inca; mañana decidiríamos.

Después de la cena nos acostamos y la idea era darle dura hasta el otro día…

Pero en un momento me despierto (no espontáneamente, me había despertado el ruido del Urubamba) y veo a Pety mirando absorta por la ventana, me levanto yo también y la imito, realmente verlo sacaba el sueño… el ruido era ensorcedor y el cauce del río se salía de su curso, al borde de la calle que lo separaba del Hotel, parecía endemoniado. Estábamos a un paso de la inundación, yo lo observaba y para mis adentros pensaba “chau, Machu Picchu” no íbamos a poder volver porque era obvio que esto se iba a inundar y, con suerte, íbamos a poder llegar a la estación a tomar el tren.


Para esto Pety se mandó el mejor chiste, seriamente pensó en pedirles a los del Hotel que nos cambiaran de habitación, creo que pensó “ojos que no ven…” (Lo que realmente pensé es que en cualquier momento el río nos llevaba puestas con pueblo y todo) y ahí bajó a preguntar al encargado si estaba bien que el rio estuviera así, el encargado le dijo que sí que era normal, que hacía unos días se había inundado, pero nada grave y nos mandó a dormir, como si esto fuera fácil ante semejante perspectiva. Mañana será otro día… (siempre…) y veríamos que nos depararía nuestro último día en Aguas Calientes.










Valle Sagrado II

12do. día: VALLE SAGRADO


Hoy nuestro recorrido no comenzaba tan temprano, salíamos cerca de las 10 hs. así que se podía remolonear un poco más. Suponíamos que íbamos a ser pocos en el tour, o que seríamos nosotras solas… ya que a quien comentamos el recorrido que íbamos a hacer (los guías, más que nada) nos decían que era muy bello, pero no muy común. Desayunamos en el comedor del hotel cuyas ventanas daban al jardín (rodeadas de 300 chinos) (y una baranda a ajo impresionante, eran las 8:30 de la mañana… un saludo al INADI…) y salimos para esperar nuestro vehículo.

Como nos imaginamos, éramos nosotras solas, con el chófer, íbamos a levantar al Guía cerquita, venía de otro lugar, era rara la situación de ir a buscar al guía, pero realmente, valía la pena esperarlo porque era un fenómeno, había sido Presidente de la Asociación de Guías de Perú y sabía un montonazo (no sé si después Betty lo comenta, pero no solo nos explicó sobre los lugares que visitamos con él sino también de lugares donde le contamos habíamos ido en días anteriores); hacía lo que le parecía, con la seguridad del que sabe lo que hace… por eso, cambió el orden de todas las cosas que teníamos que hacer y dejó el almuerzo para el final (como le habíamos propuesto al de Ollantaytambo) sin preocuparse si a la Agencia le parecía bien o no.

Primero rumbeamos para las Minas de Sal en Maras. Las tres conocíamos las Minas de Sal de Jujuy y la reproducción mental de esa imagen, era lo que yo esperaba encontrar allí.

Grande fue el impacto de no ver una amplia planicie blanca, sino un salar en terrazas (sí, hasta la minería era con esa modalidad). Claro estas minas eran en las montañas, encima al ser temporada de lluvias, era el momento del año que sólo funcionan para el turismo, ya que no es tiempo de extracción. El contraste de sus pozos blancos con el contexto de montaña y verde era imponente.


Eran minas milenarias construidas por los Incas, en una verdadera obra de ingeniería, que así comprobamos cuando vimos los sistemas de agua, filtrado y distribución que eran los originales, ya que sólo estaban mejorados, pero no cambiados, ni modernizados.

Está compuesto por miles (pero son miles de verdad: 3000 o más, nos dijeron) de pozos (ellos le dicen poza) de unos 5 metros cuadrados cada uno, atravesada por un riachuelo que nutre de agua salada las cavidades. Yo como soy docente y tengo espíritu de enseñar vivencialmente; metí mi zapatilla (con mi pié, claro) en el agua y cuando se secó, pude hacer observar a mis “pupilas”, la presencia de sal en mis bellas zapatillas negras, las cuales se las veía: blancas (me sacrifiqué por el bien de la educación), (en realidad el guía nos dijo, esperen a que se seque y van a ver la diferencia entre una zapatilla y la otra…).
Luego el agua del riachuelo, se filtra y se evapora por acción del intenso sol, haciendo que broten los cristales de sal gruesa, luego de 1 mes la sal alcanza los 10 cm. de altura y tiene que cosecharse, esta actividad se realiza familiarmente. La explotación la realiza una especie de cooperativa por un grupo de familias que se manejan en forma comunal, cada familia tiene designada las pozas que las preparan, cuidan y cosechan.

Al ingresar, antes de bajar para recorrerla, hay una serie de negocios, donde te venden sal en todos sus formas: en estatuitas, para uso gastronómico (compramos todas, yo para Silvia, combinado con especies) bah, como se te ocurra… también venden tejidos, etc.; allí estaban otra forma de las botitas que veníamos encontrando y que Adri y yo queríamos comprar; no eran tan lindas como las de Cusco (pero no sabíamos si llegaríamos a encontrar los negocios abiertos en Cusco al regreso) mi número de Cenicienta estaba, así que me las compré.

De ahí nos fuimos para Moray, originariamente no me decía nada el lugar, no había investigado previamente y no era un lugar elegido por nosotras, fue mérito de Vanesa (la de la agencia recomendada por Ale Martinez) el que hayamos ido; me dije… ”Un lugar más”, pero visitarlo fue impresionante, realmente no sé cómo no lo promocionan.

Moray era un centro de investigación agrícola incaico donde se llevaron a cabo experimentos de cultivos a diferentes alturas, A simple vista ves 3 niveles de terrazas concéntricas (es fácil largar la palabra “concéntrica” pero la perfección geométrica en la construcción de esos anillos circulares hace dudar que los extraterrestres no lo hicieron). Para ingresar a cada nivel había unas escaleras de piedra y lo impresionante es que el clima logrado en la última de las terrazas coincide con la 1ra. del nivel superior (¿Podés creer?), o sea que la disposición de sus andenes produce una serie de microclimas teniendo el centro de los andenes circulares concéntricos una temperatura más alta y reduciéndose gradualmente hacia el exterior a temperaturas más bajas, pudiendo de esta forma simular hasta 20 diferentes tipos de microclimas (puede haber una diferencia de 12° en los andenes de un mismo nivel). Allí se realizaban experimentaciones para la intervención en la genética de las plantaciones, me gusta una palabra que usan allá “domesticación” de cultivos, yo acá la domesticación la escuché sólo para referirse a animales. La clave para descubrir esto fue el encontrar plantaciones de coca en lugares que no es nada apto para ellas.


Pero lo interesante de esto, es que según nuestro guía (y no lo encontré en ningún lado que leí sobre Moray) que se utilizó ese lugar, aprovechando la depresión producida por los fragmentos de un meteorito que cayó en la zona, según él, provocó 9 pozos y los Incas usaron 3 de ellos para la construcción de este Centro de Investigación Agrícola. Tuvimos la oportunidad de bajar hasta las terrazas más bajas, acompañadas por la inteligencia, la locuacidad, la sabiduría y la forma de hablar de nuestro guía que era cautivante…fue un día perfecto.


Al terminar el recorrido, fuimos al baño y al salir encaramos para nuestra traffic, ahí veíamos a un tipo intentando entrar a nuestro vehículo y mirando con rareza las cosas de adentro, miramos alrededor buscando a nuestro guía: para ver si él estaba bien o nosotros estábamos bien; y ahí lo vimos: él y el chofer muriéndose de risa viendo como el gringo se volvía loco viendo si era su vehículo o no… y ellos sin decirle nada.

De ahí nos fuimos a Chinchero, donde nos llevaron a la casa de unas mujeres que nos dieron un té de coca como bienvenida, mientras… las escuchábamos explicarnos sobre lana, tinturas y tejidos. Sentaditas escuchando atentamente, veíamos también el lugar donde tenían en una especie de jaula varios cuy, que estarían esperando convertirse en alguna ¿rica? cena….

Tenían unas cosas preciosas para vender (que raro, ¿no?) y ahí Pety compró otras madejas de lana, en estos lugares es imposible irse sin comprar algo, primero por la calidad de los tejidos y segundo porque te atienden y te explican de una forma, que si no compras lo sentís como una falta de consideración a la dedicación que pusieron a tu visita.


Después empezamos a recorrer Chinchero, ni bien avanzás, te encontrás  rodeada de formidables paredes de especies de poliedros ensamblados que forman muros de contención dando forma a terrazas, o sea que las viviendas y los lugares están formados por las queridas terrazas que a esta altura nos resultaban muy familiares, también podemos ver que forman grandes salas con ventanas, puertas y accesos a distintos lugares.


Entonces llegas a la plaza, que concluye con un muro inca, que tiene 12 concavidades con esculturas u otras representaciones incas. Este muro a su vez sirve de contención a otra plaza que hace de entrada o atrio frente a la Iglesia y cerca de 3 Adoratorios (que no recuerdo los nombres) cuidadosamente trabajados. La charla a esta altura fue sumamente interesante, nos enseñó a reconocer tipos de muros, hablamos sobre momias, religión, costumbres y anécdotas familiares que se entrelazaban con el conocimiento profundo que tenía sobre esta que era también su cultura .Para llegar a la Iglesia de Chinchero: Nuestra Señora de Monserrat que tenía una cúpula que según nuestro guía era más bella que la de Arequipa y la de Andahuaylillas y afuera un importante mural contando la historia de Tupac Amaru.


Ahí si ya teníamos hambre y nos dirigimos directamente al mejor lugar donde íbamos a ir a almorzar, nos llevaron al Sonesta Posada del Inca (la misma cadena de hoteles del que habíamos ido en Arequipa), pero éste hotel se encontraba alejado de la ciudad, emplazado en un amplísimo terreno donde jardines se enlazaban con fuentes de agua que estaban decoradas con flores, caminos de piedras, escaleras, habitaciones en galerías, hasta había una bicicleta con un canasta decorada con un bouquet de flores que era de exposición, después de atravesar esos sectores, en el fondo había un sector al aire libre donde estaban dispuestas mesas que daban a la más grande de las fuentes y enfrente una capilla que era una belleza, o sea , todo eso que dije era parte del Hotel, bueno… que decir… imponente.


Salimos y pensábamos decirle que nos deje en Ollantaytambo, porque teníamos ganas de recorrerlo un poco más, pero terminamos pidiéndole que nos deje en el Pueblo para conocerlo y hacer alguna compra para la cena de la noche. El pueblo estaba repletísimo de gente, arremolinada entre los que vendían y los que compraban; al final entramos a un Mercado (vuelvo a decir, acá ni en pedo compro en un lugar así) ahí compramos quesos, después que nos dieron varios a probar y el pan para acompañar lo compramos en un negocito frente a la Plaza que contenía la Iglesia (un clásico) también compramos unas cusqueñas que íbamos a enfriar en la heladera de la habitación, ahí dudamos entre caminar hasta el Hotel o tomarnos una Mototaxi (yo tenía ganas de probar, pero realmente me parecía que las 3 y el chófer no entrábamos ahí) (Nunca viajamos en mototaxi…). Así que volvimos caminando para terminar el día comprando unas llamitas en un negocito muy lindo de souvenires que tenía el Hotel y preparando todo porque al otro día teníamos tren y ¡¡¡Machu Picchu!!!.




Valle Sagrado

11er. día: VALLE SAGRADO.


Dejamos nuestra valija grande para que se quede unos días más en Cusco, eso también deberíamos haber hecho nosotras; 2 días en Cusco es muy poco, por lo menos 4 ó 5 días es lo recomendable. Una pequeña traffic nos llevó a otro lugar donde íbamos a abordar un vehículo más grande, llovía bastante y al cambiar vimos con alegría que estaba la familia chilena y la Reina de las preguntas y las protestas. Igual partimos a El Valle Sagrado, teníamos previsto algunos puntos interesantes para recorrer.

Nuestra primera parada era Awanacancha, que es un complejo educativo-comercial (esta descripción es un invento mío) creado por un proyecto autóctono que mancomuna comunidades aborígenes que tienen, en el tejido, su principal actividad económica y, obviamente su forma de vida (esto no lo inventé) (Espectacular la explicación Betty, no se puede creer, no podrías haberlo dicho mejor…).


El micro quedó afuera, al ingresar tomas contacto con unos corrales donde hay llamas, vicuñas, guanacos y alpacas, con todas las variedades de cada una, los bichos la tienen re clara con el turismo por lo que se dejan tocar y también: alimentar. El tomar contacto con esos animalitos tan lindos, hace resurgir automáticamente los deseos infantiles de alimentarlos cual si estuvieras en el zoológico, y no importa cuantas decenas formen tu edad, en ese momento lo único importante… es que alguien te saque una foto (y que el guanaco no te escupa, claro).


Después que pasás ese nivel y recordás que sos un adulto y debes actuar como tal, vas pasando por distintos lugares donde te muestran y explican cosas que tienen que ver con las actividades económicas de la cultura incaica, por ejemplo están expuestos los tipos de maíces que tienen: clasificados por tamaño, colore, saqué fotos de eso y se las mandé a Alan, (¡¡¡futuro chef!!!); también le mandé los distintos tipos de papas, que en Perú hay más de 7 tipos diferentes y él, en agradecimiento a la información, me hizo una recomendación muy buena, me dijo que probáramos el postre “Suspiro limeño” (crema espesa compuesta de leche, almendras, azúcar y merengue, servida en una vaso de vidrio) lo probamos ese mismo mediodía y realmente valía la pena.


Después llegamos a la parte donde un grupo de mujeres nos enseñaban todo el proceso del tejido, en forma muy didáctica. Dividido en estaciones, te mostraban: extracción de la lana, hilado, y las “actividades estrellas” del lugar: como obtienen los tintes y como las tiñen: los tintes se hacen a partir de plantas naturales: ortiga, sauce, entre otras. Los hacen hervir en ollas de barro para el tenido de la lana. Después muestran cómo se teje en telares y con agujas (unas verdaderas genias) formando esas figuras y dibujos tan bellos y característicos. Pero lo impresionante es la variedad de colores de las lanas: son tan vivos, intensos y especiales, que hasta yo tenía ganas de comprar una madeja y tejer; después, por supuesto, me contuve y volví a la realidad: me imaginé la madeja arriba del sillón, la Dyna agarrándolo, yo después limpiando los muebles con eso, etc., etc., y dejé que las 2 artistas del grupo: Adri y Pety compraran lanas y le dieran forma con ellas a sus vetas artísticas; es más Adriana ya está tejiendo una bufanda con lo comprado.

El lugar está muy bien organizado, ojalá realmente le den la posibilidad a todos esos grupos de pueblos originarios como dice el proyecto que se hace, estaba bastante armado para el circuito turístico. siguiendo el camino, entrabas a un negocio, tipo de exposiciones: es pec ta cu lar, donde te querías comprar toooodoooo, estaba también una marca conocida de tejidos de baby alpaca, con cosas preciosas que ya habíamos visto en Cusco, aprovechamos y le compramos preciosas bufandas a Alfre y Javi. Pety se compró tres ovillos de lana color mostaza, verde y rojo y Adri uno de color verde.

Ahí retomamos el bus que nos estaba esperando afuera y seguimos viaje para bajar unos minutos más tarde, para ver el comienzo del Valle Sagrado, y el comienzo de sus terrazas imponentes, a esa altura cuando descendimos caían unos gotitas y estaba brumoso, pero ya la vista del Valle Sagrado, te hacía correr por todo el cuerpo una emoción por lo que estaba por venir.


Nuestra próxima parada era el Mercado de Pisac, ahí nuestro guía que veía muchas mujeres en la formación del grupo y se imaginaba lo difícil que iba a ser sacarnos de allí, prefijó el lugar donde íbamos a rencontrarnos y la hora; haciendo hincapié en lo puntual que teníamos que ser.

Primero fuimos todos juntitos a una Joyería donde nos explicaron como reconocer la plata en anillos, dijes y nos explicaron el proceso de extracción y armado de las joyas que sinceramente no retuve demasiado (mi cabeza ya no daba más de tanta info en tan pocos días). Aprovechamos y le compramos el anillo a Angélica muy bonito y nos separamos todo el grupo para sumergirnos en el Mercado de Pisac, que es inmenso. Pety había ido en su anterior visita y no podía creer lo que había crecido en este tiempo. (22 años Betty).

Empezamos a recorrerlo… están todas las categorías y todooo lo que se te ocurre comprar. Yo quería terminar mis compras porque, locamente, quería solo tener mi mente preparada para Machu Picchu, no quería que nada me molestara.

Y empezamos a recorrer pasillos… y caminamos… y te llaman, te ofrecen, te regatean, te siguen… bue… yo compré una mantita para mi mamá, una quena: que se la encargué a Pety que iba a comprar para el Jacarandá. Pety compró una quena y un Síkus, Adriana no me acuerdo.

En unos de los pasillos me empieza a seguir un nene de unos 6, 7, 8 años (jojjoooo), primero me tira palabras en inglés (vieron que yo tengo ese aspecto tan marcado de turista europea), cuando le digo que me hable en español, me pregunta de dónde soy.

-¡Argentina! Le digo.
-Ah,Argentina.

Presidente: Cristina de Kirchner / 
Capital: Bs. As. / 
Jugador de Futbol: Messi…

Y así me tiro datos del país, que se ve que tiene aprendidos de muchos, hablaba hasta por los codos y me  dijo que aceptaba que le pague con dólares o pesos argentinos (era el único de todo Perú)…

Conclusión: pagué la ocarina más cara de la historia, mientras que otros de los enanos que estaban con él, me decían que el precio era caro porque él pagaba la ocarina sólo 20 centavos de soles. Fue muy gracioso, pero también era impresionante como ya de chiquitos se preparan para vivir de esto que es el turismo (qué remedio les queda…) y así de chiquitines empiezan tirando palabras en inglés y de grandes mal o bien hablan inglés, por lo menos rudimentariamente para sobrevivir en este mundo donde el Turismo cumple un rol primordial.

Ahí compramos con Adriana unos posavasos muy lindos, que ella convirtió en cuadritos para sus hijos y en mi caso los tengo sobre la mesa del living y juego con ellos cambiándolos todos los días de forma de presentarlos (no me pidan más que eso).

Retornamos a las corridas cual Cenicientas a la medianoche, al lugar de encuentro, ya que se cumplía el plazo y llegamos a tiempo para irnos a almorzar a un lugar paradisiaco, era una casona colonial antigua, a la que ingresabas por un pórtico de piedra en medio punto, de ahí bajabas por unos escalones y avanzabas por un camino central: en los 2 costados, jardines con vasijas, plantas y un par de aves tipo papagallos. De ahí veías de frente la casona: la parte de arriba podría ser una hostería supongo, y la parte de abajo ingresabas a un amplísimo lugar dividido en sectores: paralelo a la calle una galería donde estaban los platos a servirse , hacia la izquierda camino a los baños, había una ambiente con mesas preparadas como para un grupo grande con cuadros y decoración andina, después descendías a un patio cubierto pero abierto con vista a un parque con un especie de manantial, donde delante, un músico desplegaba una serie de instrumentos andinos que iba utilizando de acuerdo a lo que tocaba (música andina, obvio; no era la lambada) y hacia la izquierda otro salón especial, con vajilla preciosa y una araña imponente. A esta altura a mí, tan bello todo…  hasta me parecía demasiado.


Después de almorzar como si fuéramos de la nobleza, nos acercamos a felicitar al músico que acompañó toda nuestra comida y al que ni siquiera se lo aplaudía y le compramos un CD (Pety se lo regaló a su amiga Moni y yo a Lucrecia) el chico nos dijo que pertenecía a un dúo, pero que su compañero estaba tocando en otro lugar (lo encontramos al otro día cuando fuimos a almorzar).

Pero había que partir, nos tocaba conocer Ollantaytambo que es un pueblo de la época inca, y uno de los pocos que siempre estuvo habitado, muy típico… con sus viviendas e iglesia, que se encuentra en la base del lugar.

Ollantaytambo fue centro militar, agrícola y religioso para administrar y controlar El Valle Sagrado de los Incas; esto se deduce por las construcciones que eran para depósitos agrícolas y para uso militar como murallas y torreones de vigilancia .Nuestro guía nos dijo que eran 150 escalones que separan la cumbre de la parte baja, y este tipo quería que las subiéramos después de lo que habíamos almorzado… le preguntamos porque no se encaraba el ascenso antes del almuerzo, él nos explicó que antes lo proponía, pero un día una turista se quejó y no lo dejaron volver a cambiar el orden.

Como es también un Templo, hay lugares de adoración: se observa un lugar de purificación y culto al agua (abajo, donde aún emana agua que sigue un circuito) y otro lugar con grandes bloques de piedra finamente trabajadas ubicadas en la terraza superior (Templo del Sol). Las paredes fueron reconstruidas porque las originales fueron destruidas por los españoles, quedan solo un par de paredes originales, porque parte del proceso de aplastamiento de la religión local, tenía que ver con no dejar vestigios de esos lugares (por eso también sobre ellos  se construyeron las iglesias).


Desde ahí se observa el comienzo de camino del Inca y también ahí tomaríamos el tren para ir a Aguas Calientes.

Pero bueno ahí estábamos y el Templo era muy bello, imaginábamos que de arriba la vista sería inigualable, así que encaramos la subida. Igual un grupete se quedó: la madre chilena (la vieja rompe bolas) y una pareja de españoles, al gallego lo dejamos tomando un whisky y cuando volvimos seguía tomando, pero no era el mismo, se los aseguro. La tía subió… empecé a respetarla al ver que se bancó toda la subida, pero preguntó excesivamente, y a esta altura era el terror de los guías.


El guía excelente, como todos, nos hacía ascender en tramos cortos y explicaba como excusa para descansar, lo que se hizo llevadero la llegada a la cumbre. Que fue muy lindo porque aparte se veía el pueblo, el camino del Inca y estábamos un pasito más cerca del cielo.

Al bajar, el vehículo nos iba a llevar a cada uno a nuestros hoteles. Nuestro Alojamiento era en el Valle Sagrado. Estaba alejado del pueblo, de pasada el guía nos explicó cómo llegar a él desde nuestro hotel si queríamos ir a conocerlo o a cenar; había que caminar unas 20 cuadras y sino un mototaxi. (Nunca viajamos en mototaxi…).

Las calles eran de tierra y como mucho con un mejorado, en eso entramos por una especie de arcada grande de piedra y un precioso hotel apareció. El ingreso era por un hall amplio con un gran espejo, cuadros, sillones y un lugar para tomar el consabido té de coca. Ahí nos llevaron a nuestra habitación. El hotel tenía jardines con fuentes en el sector central y también a los costados, muy cuidado, y las habitaciones, eran edificaciones separadas entre sí.

La habitación era inmensa, siempre las camas eran de dos plazas para cada una, como si fuera poco la habitación tan amplia, una puerta ventana nos conectaba con un balcón con mesita y sillas que daba a un jardín, sin palabras. Peroooo, nada en esta vida es perfecto, por eso es vida y para conectarte tenías que ir a la recepción del hotel, no podías hacerlo desde las habitaciones.


Decidimos ir a conocer, no hasta el pueblo, sino por los alrededores, veíamos desde la entrada del hotel una cúpula que parecía de una iglesia, le preguntamos al de la recepción que era y nos dijo que era un hotel que se había emplazado en una antigua estancia o algo, que contaba con capilla propia, original de la casa; el empleado había trabajado ahí y nos dijo que era preciosa y que pidiéramos que nos dejen conocerla. Y ahí nos fuimos, llegamos y le pedimos al que estaba en la puerta y después de algunas dudas nos dejó pasar. En la entrada que era un gran jardín, a los costados una especie de galería vidriada donde había 2 mujeres tejiendo, y al otro costado ingresabas a la capilla, preciosa, hasta con un órgano… que decirles, son lugares únicos.

Después volvimos para el hotel, la idea no era ir para el pueblo, así que pedimos en el restaurant una ensalada, una porción de pollo y la combinamos con el resto de queso que nos quedaba del Mercado de San Pedro, con unas cusqueñitas, cuyas etiquetas y tapita tenían el dibujo de Machu Picchu (que las guardamos para traerlas de recuerdo). Y a dormir mañana Jornada completísima.