9no.
día: PUNO/CUSCO
Después del desayuno, una
traffic nos llevaría a la Terminal donde completaríamos el camino: Puno (ciudad del origen de los Incas,
la leyenda hablaba del lago Titicaca como la Génesis de este pueblo) Cusco (Capital del Imperio Inca), como
si fuera poco lo que habíamos vivido hasta ahora, se venía lo más fuerte.
Ahí tomaríamos un bus
Turístico que iría haciendo 5 paradas en lugares arqueológicos y turísticos
importantes, durante los 400 km. que separaba ambos lugares.
Realmente era un vehículo de
1ra.: los asientos muy cómodos y hasta contábamos con guía y servicio a bordo y
“al sólo precio…” (Diría un viejo vendedor ambulante del 17) también contábamos
con ¡¡Wifi!!.
Nuestro guía tenía voz de
locutor, muy agradable, con buen manejo de información: hablaba en español e
inglés: había franceses, zelandeses, norteamericanos y… Se llamaba: Elio.
Trataba de ponerle onda
(claro, íbamos a estar juntos todo el día), pidió un aplauso o algo así y las
únicas que le hicimos el aguante fuimos nosotras.
Increíblemente todavía se
veían restos del granizo del día anterior, comenzando el trayecto: pasamos por
el Estadio Garcilazo: allí juegan el Real Garcilazo y el Cienciano que lo
nombran mucho y lo primero que dicen es que le ganó a Boca (ojo, no es mala
intención de mi parte, lo dicen todo el tiempo) yo le había comprado en Lima a
mi hijo la camiseta de Universitario y si podía le iba a comprar la del
Cienciano que es el equipo de Cusco. En ese estadio iba a estar la gran fiesta
de la Virgen de la Candelaria ese mismo día, a la noche.
Nuestra primera parada fue el
Museo del Sitio de Pucará (puede ser con c o con k).Paramos sobre una plaza que
tenía enfrente… ¿¿¿adivinen???... sí… una iglesia, para no complicar mi memoria
fueron buenos y le pusieron “Iglesia de Pukará”
La Pukará era una cultura
pre-inca, con muy buenos ceramistas, en la actualidad la mayoría de la
población son artesanos amasadores de toritos de arcilla. Los toritos son re
famosos, se ven en la mayoría de los techos de las casas: no solamente allí; en
todo Cusco. Hay que ponerlos de a pares.
Ingresamos al museo que era
muy completo; tiene gran cantidad de imágenes, esculturas monolitos y estatuas
de figuras de animales y divinidades, entre otras.
La estrella del lugar es el
tallado de un hombrecillo que infunde miedo sólo al verlo, porque es un
degollador: tiene en una de las manos un cuchillo y en la otra una cabeza
decapitada.
También había una importante
línea de tiempo que ubicaba a todas las culturas: pre-incas incas y post incas,
comparándolas, paralelamente, a las desarrolladas en Europa y África.
Al salir fuimos a hacer unas
“comprillas”:Adri y Pety se compraron los toritos, yo una plancha de
estampillas muy lindas para Alfre y en ese negocio vimos unas botitas tipo de
gamuza, con decoración incaica que empezó a obsesionarnos a Adri y a mí.
Subiendo al bus (nos había
llevado una media hora la parada, y se ponían bastante pesados con que
cumpliéramos el horario) nos dieron una infusión para tomar y seguimos viaje.
Nuestra 2da. parada que sólo
fue de unos minutos para sacar fotos, era en La Raya (punto más alto: 4.335
mts.) es el límite entre Puno y Cusco, ahí se ve unos nevados muy lindos
perteneciente a la Cordillera de Los Andes, que como todo el mundo sabe es
ARGENTINA y se la prestamos a los demás países. La vista era preciosa, ya que
las montañas nevadas resaltaban con lo celeste que estaba el cielo, realmente
valía la pena detenerse para sacar fotos. Hacía bastante frio y los vendedores
de ahí vendían unos abrigos de piel muy bellos. (Vendían
abrigos, alfombras, gorros, realmente preciosos. Ahh… además nos dijeron que en
los hielos de esas montañas comienza el Amazonas).
Nuestra 3ra. parada fue para
almorzar en un lugar paradisíaco: “La Pascana Restaurant“ a orillas del rio
Vilcanota que corre a ritmo intenso rumbo a Cusco. Al lugar se ingresa por un
puentecito de madera, en sus costados hay jardines preciosos con mesas y sillas
ubicadas debajo de sombrillas verdes.
El lugar estaba vidriado por
delante y por detrás, y esa distribución hacía que, donde estés sentado, el
espectáculo fuera: imperdible. Si estabas adelante: tenías los jardines y el
puentecito. Y si te ubicabas en la parte de atrás: el río y un amplio espacio
verde, donde llamas pastaban y se paseaban por ahí completando el panorama.
Cual si fuera una postal, agregale gente vestida con ropas típicas y nenes (ya
eso no me gusta) jugando con algún cabrito. Resultado: parecía una
dramatización de una clásica postal peruana. Divino… pero tan poco espontáneo
que repito me incomodaba por momentos. Con el bello espacio, las llamas y el
río estaba bien, para qué más...
Dentro del restaurant de
altísimo nivel gastronómico, tocaba un grupo de música autóctona, como si
todavía faltara algún detalle para que hubiese dudas que eso era el Paraíso (en
la mayoría de los lugares para comer hay grupos musicales muy buenos, como pasa
también en el Norte Argentino). Al terminar de almorzar nos acercamos a tomar
un poco de aire, estirar las piernas y ver el Vilcota más de cerca; y ahí una
llama nos dio el toque que faltaba. Una pareja se acerca a sacarse fotos con
una llama y otra (que estaba loquísima) tomó carrera y le dio un topetazo al
muchacho que lo tiró unos metros, porque encima lo tomó de sorpresa. Al rato en
otro sector otro chico se estaba acercando con miedo a una, uno de los que las
alimentaban intentaba convencerlo que se acerque más, mientras esta turra otra
vez toma carrera y lo tira al demonio. Era la estrella del lugar, aunque ya
ningún incauto se ponía de espaldas a ella.
Allí se encontraba el Templo del Dios Wiracocha,
que se encuentra emplazado en un complejo arqueológico impresionante. El micro
nos dejó paralelo a un camino guiado por un mercadito con puestos de ambos
lados, de cosas preciosas, el camino desemboca al sector donde se observa de
frente una estructura rectangular de casi una cuadra de largo:”El templo de
Viracocha”.
Tiene una pared central de adobe de 20 metros de
altura, con una base de piedra andesita (piedra volcánica propia del lugar).
Cuenta con ventanas y puertas que están flanqueadas a ambos lados por columnas
circulares (muchas) con la parte inferior en piedra y la superior en barro, de
lo más imponente. Imposible no imaginarse la majestuosidad de ese templo cuando
se encontraba completo, erguido mirando al cielo… debería ser sumamente
intimidante; nos decía Elio que se supone que tuvo el mayor techo del Imperio
Incaico.
Avanzando hacia un costado hay
un sector donde hay especies de almacenes o colcas, que tienen como
peculiaridad su forma circular; nos decía que son las únicas que tienen esta
forma, ya que en el resto del Imperio son cuadradas, allí se guardaban los
alimentos.
Al llegar allí, el guía nos
dejó unos 15 minutos para que recorriéramos a gusto y piacere; el sitio se
extendía con otros lugares dedicados a distintas cosas. Ahí nos dividimos: yo
prefería recorrer un poco más el complejo: era el 1ro. que veía y estaba
excitada, mientras que Pety y Adri preferían volver sobre nuestros pasos y
visitar una iglesia que nos habían dicho que también era muy bella y se
encontraba a la salida del Templo. Empecé a caminar rápido intentando abarcar
lo más posible el lugar, hasta que vi que me iba quedando solita y alejada,
decidí que era un excelente momento de volver, también quería ver un toque la iglesia…
¿viste cuando querés ver tooodoooooo?.
Camino para allá me encontré
con las chicas que habían visto como unos artesanos trabajaban. Y ahí nos
fuimos a los pedos a la iglesia, mientras ya el micro estaba en marcha, como
diciendo “come on”.
Nos apuramos, tipo
corrimos, pero no pudimos acceder a la Iglesia, ya que estaban levantando el
piso que surcaba la placita donde se hallaba, por lo que no se podía avanzar. La vimos de
lejos y volvimos al micro, antes de subir Pety aprovechó para comprar unas piedras
muy lindas a una chica que las tenía exhibidas sobre una piedra grande.
La verdad que era un lugar
para quedarse más tiempo… eso es lo que tienen a veces los toures, pero…
Nos quedaba el último tramo y
una última parada muy especial: la hermosa capilla de Andahuaylillas, que
también se la conocía como la “Sixtina de América” y tampoco era exagerado el
adjetivo (como pasó con la de Arequipa). La capilla, en realidad se llamaba
“Iglesia de San Pedro”, ya que en sus paredes tiene varias escenas de la vida
de San Pedro (hecho cuando los jesuitas tenían a cargo la iglesia, en otra
etapa la tuvieron los dominicos y le dieron importancia a la Virgen del
Rosario).
Consta de una sola nave con capillas laterales y
sus anchas paredes son de barro (esa combinación
de hechura de barro, que se supone que es precario y rústico con la
majestuosidad en la arquitectura... es lo que le da ese toque especial a los
lugares).
La cúpula de madera estaba
pintada de manera impresionante, combinando 2 estilos: el andino y el europeo:
hay mucho motivo frutal y floral que jerarquiza el diseño y con pan de oro lo
que le da un brillo especial único. Estaban restaurándola por lo que tuvimos
que colocarnos debajo de los andamios, que eran de madera, del tipo de los que
se usaban en la antigüedad.
Allí se encuentra la imagen de
“El señor de los Temblores” o “El Señor Negro”; se llama así desde que, en
Cusco se produjo un gran terremoto (uno de tantos, pero muy fuerte), y este
santo fue sacado en procesión y según se cuenta mientras el santo pasaba por la
calle el terremoto cesó, para reiniciarse una vez que el santo fue entrado
nuevamente (me pregunto para qué mierda lo entraron…).
Éste en realidad es una
réplica del original que lo veríamos después en la catedral de Cusco. Con
respecto al color oscuro escuchamos distintas versiones, dichas por distintos
guías: algunos dijeron que el color era porque se le prendían muchas velas y
eso lo oscurecía, otros porque lo hacían del mismo color que eran los incas,
entre otras versiones, ésas eran las más destacadas; nuestra pensadora
argentina contemporánea Karina Olga J. diría… “lo dejo a tu criterio”.
Ahora sí, otra vez al micro, previa caída
espectacular de Pety… (zafó
la cámara de fotos, pero mi pierna quedó un poco amoratonada)
hasta Cusco no parábamos, llegaríamos tipo 5 de la tarde.
Al arribar nos estaba esperando un vehículo que nos
llevó directamente al “Hotel Casa Andina Koricancha” antes de bajar, el chófer
nos recomendó una pizzería que estaba cerca del Hotel, como somos chicas
obedientes, después de instalarnos, fuimos y comimos una riquísima pizza
combinada mitad y mitad, acompañadas por unas ricas “Cuzqueñas”. (Tibias, porque frías… nunca).
El hotel estaba sobre una calle angosta y
extremadamente transitada por lo que nos tuvieron que parar en la esquina; era
lindo, aunque fue el que menos nos gustó. Nuestra habitación amplísima estaba
separada del cuerpo del hotel por un patiecito muy bonito, que también le daba
cierta intimidad a la habitación.
El viaje había sido largo y mañana nos esperaba una
jornada llena de lugares e historias, así que… NoNiiiiii
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