13er. día: VALLE
SAGRADO /MACHU PICCHU
¡¡¡¡¡¡¡¡Gran Día!!!!!!!!!!!! Nos esperaba
Machu Picchu, casi todo mi vida esperando este momento y estaba ahí… a un paso…
Nos fue a buscar una traffic llena de
brasileños y un portugués casado con una brasileña, que al subir me preguntó de
donde era e hizo un chiste con el fútbol que ni me acuerdo, pero era buena onda
y en un momento que estábamos portuñolando solos me dijo que él no era
brasileño, creo que queriendo congraciarse conmigo.
Íbamos a Ollantaytambo,
de ahí partía el tren a Aguas Calientes.
Dejamos las valijas, que casi no miraron, (para esto nos habíamos hecho un
problema y habíamos dejado cosas sin poner porque supuestamente “eran muy
estrictos” con el peso) y después de esperar un rato subimos al tren. Otra vez
la erré… me había imaginado que el tren era viejísimo y hecho bolsa y era
espléndido, tenía el techo transparente para que observes las montañas y la espesa
selva por donde se abría camino, con servicio y desayuno incluido, venta de
productos, etc…Los peruanos la tienen re clara.
Al avanzar por el camino se agregó la compañía inseparable y ruidosa del Urubamaba… al que es imposible de ignorar (menos en Aguas Calientes) porque avanza con una energía y potencia envidiable.
Al avanzar por el camino se agregó la compañía inseparable y ruidosa del Urubamaba… al que es imposible de ignorar (menos en Aguas Calientes) porque avanza con una energía y potencia envidiable.
A poco de instalarnos venía la parte del
desayuno: infusión y algo para comer, Adri y Pety iban en los asientos de
costado y yo con un chico: chino, coreano, que sé yo. Fue empezar a movilizarse
el tren y sentir que inesperadamente una gran emoción me embargaba, por
supuesto: la dejé salir y lloriquié tranquila mientras disfrutaba el paisaje a
Aguas Calientes. Era avanzar, y pensar 2 cosas: como m… los Incas se abrían
paso por este camino rumbo a Machu Picchu (la selva parecía impenetrable) y en
el accionar de “sendero Luminoso” obviamente escondidos allí eran muy difíciles
de ubicar.
Después de, más o menos, una hora y media
llegamos a Aguas Calientes, allí nos esperaba el encargado del Hotel que nos llevó las valijas directamente y nuestro guía, que nos dio el boleto
para subir a las ruinas en uno de los colectivos que salían casi constantemente
(se llena, sale, se llena, sale), subimos: Adri y yo en un asiento en el
costado derecho y Pety con el guía en el izquierdo. El guía le cuenta a Pe que
habíamos tenido suerte ya que, recién el día anterior habían vuelto a salir los
micros desde Aguas Calientes haciendo el recorrido completo; dicho recorrido
había estado anulado por la caída de una gigantesca piedra (con sus hermanitas)
en medio de la ruta de acceso. Hasta hacía una semana había que combinar:
caminata - micro. Y es más, al principio había que subir caminando hasta la
entrada propia a Machu Picchu, (entre 3 a 4 horas de caminata). Por suerte, esa
piedra había caído en la madrugada (si caía durante el día: le pegaba a un
micro seguro, porque los ascensos y descensos son constantes). Nos contó que, a
pesar de la larga y pesada caminata, casi el 90% de las personas accedieron
igual a Machu Picchu; sólo los ancianos y los impedidos físicamente habían
desistido de subir, obviamente sino estás en condiciones, imposible encarar la
subida y después la recorrida allí (y el posterior descenso volviendo claro).
Pero como nuestro viaje estaba “angelado” ya
todo estaba solucionado para nuestra llegada. Cuando pasamos donde había caído
la piedra, resultaba imposible que no comenzara a correrte un frio sudor por la
médula… impresionante el tamaño de esas piedras e imposible no pensar en las
consecuencias que ocasionaría si era durante el día. Estaba funcionando todo un
sistema de control (igual por más que te hagan señas de una de esas piedras no
zafas seguro) en cada curva, contra curva; había banderilleros con carteles que
indican seguir o parar indicándole a los micros: todos intercomunicados por
radios y otros mirando para arriba como para detectar más rápido si venía un
desmoronamiento de rocas: corréééééééééé…
Al fin llegamos, cuando falta poco: vas
viendo alguna terraza o un adelantito, pero justamente lo que tiene de
impactante Machu Picchu es que está en juego la dicotomía. TODO/NADA; no ves
nada y de repente…ahí está todooo.
Bajamos en la parada de los micros, sólo
restaba subir una escalera de piedras, entregar tu entrada, recibir un mapita,
avanzar unos pasos y ahí tenés una mesita donde hay un par de sellos que dicen
“Machu Picchu” para estampar en tu pasaporte, por supuesto lo hicimos (Adri no
porque no lo había llevado).
Ahí el guía nos reunió y explicó que había
que subir lugares un poco altos (tampoco era para tanto) y empezó con las
explicaciones… ¿pueden creer que fue el peor guía de los que nos tocó? Debo
decir a favor de él que el grupo no era muy estimulante, ya empezamos que, de
entrada, uno no quiso subir y los brasileños eran macanudos, alegres, pero… un
tanto dispersos. Si la explicación sobrepasaba los 3 minutos empezaban los
comentarios que no tenían nada que ver; y no hablemos si veían de lejos al que
se había quedado: le gritaban y lo saludaban como si hiciera 15 días que no lo
veían. Les juro que a la media hora estaban preguntando cuanto faltaba y a qué
hora y donde iban a almorzar; y cuando el guía les dijo algo así como que
aguanten y dijo “miren ellas que se van a quedar toda la tarde acá” nos miraron
con cara rara, nos preguntaron ¿por qué?, no comprendieron nuestras razones y
parecía que le estaban haciendo un favor al Guía cuando escuchaban sin
interrumpir.
Consejo para los que van a venir: si se
pueden quedar todo el día como nosotras: genial,
si pueden ir 2 días como nosotras: recontra
genial, pero…si sólo van por unas horas, vayan después del mediodía. A la
mañana Machu Picchu está más lleno que Rivadavia previa a Navidad, te querés
sacar una foto en la puerta de entrada (a pesar del tamaño de la ciudadela hay
una sola puerta de entrada y es pequeña… hablamos del valor simbólico, ¿no?
Entrar: entrás por cualquier lado) tenés que esperar media hora, le ponés cara
de orto a medio mundo porque se cruzan e igual así, va a salir gente en tu
foto, arruinándotela. Nosotras quisimos sacar las fotos igual, sin saber que a
la tarde la cantidad de gente mermaba muchísimo (por eso paso el dato). Mejor
es: escuchar al guía y a la tarde volver a recorrerla y fotografiar tranqui (y
si se puede no tener un grupo de
brasileños, o por lo menos, éstos brasileños).
Después, en la propia entrada, nos contó de
la llegada casi accidental de Bingham y todo eso… ahí la ansiedad por ver “la
clásica postal” hace que quieras que esta parte la haga corta y te deje enseguida enfrentarte cara a cara con la ciudad.
Subimos unas pronunciadas escaleras y de
repente… el esplendor, la magnificencia en su máximo exponente, la belleza en
su plenitud… silencio, emoción, un sinfín de sentimientos y emociones se
entremezclan y te transportan…
Y confirmás que valió la pena la espera…
Y agradecés… al Universo, a Dios, a
Wiracocha, a… quién sea… poder vivir este momento.
Después de las 3000 fotos que no podés evitar
sacar, comenzó la recorrida… encima el plus del diseño de nuestro tour que
estaba armado perfectamente (según mi criterio): primero vimos Templos, vimos
Adoratorios, vimos lugares de almacenamiento, lugares de Ingeniería genética en
Agricultura (Koricancha, Sacsayhuaman, Qnco, Moray) y acá veíamos todo junto y
maximizado: Templos, vivienda del Inca, vivienda del pueblo, escuelas, sector
agrícola, escalinatas, terrazas, observatorio astronómico, plazas, fuentes… todo,
arquitectónicamente planificado, perfectamente ejecutado, ocultado entre dos
montañas para agregarle una dosis de misterio, si es que hiciera falta agregar
algo, todo enlazado para que el impacto… te parta la cabeza… y la energía que
emana el lugar, te cargue de espiritualidad y una inmensa paz que llega a su
climax a la tarde, cuando el flujo de turistas merma y te quedás solo… entre la
impronta visual del lugar y la sensación de plenitud jamás experimentada
anteriormente, porque es el resultado de la perfección, porque Machu Picchu es…
perfecto.
Algo gracioso que cortó el clima místico, digamos… fue cruzarnos con un
grupete de orientales (como en cualquier parte del mundo que recorras, hay
montones, con sus geniales cámaras) que tienen por costumbre sacarse fotos
saltando” (una está bien , es linda, pero… ¿¿¿todas saltando???) a parte de ver
como brincaban al lado de precipicios y lugares que si le erraban al saltito se
mataban… en un momento mientras recorríamos el Camino peatonal al poblado (sector
izquierdo mirando de frente a la puerta de ingreso) y subíamos una pronunciada
escalera: nosotras bajábamos, ellos subían… escucho al Guía que les dice algo
del lugar (que mi inglés básico no llegó a comprender) y como leyéndoles la
mente les grita “NO JUMP”, creo que ahí el Guía creyó que perdía la mitad de
los chinos en esa escalinata… (No era tan grave.. del otro lado del mundo hay como
2.000 millones más. Un saludo al INADI 2, El Regreso).
Y ya terminando el recorrido, el Guía se despide de nosotras, para
llevar a nuestros compañeros a almorzar (En Aguas Calientes) y nosotras nos dirigimos
al Restaurant de arriba (está al lado de la entrada) (Es parte del restaurant del hotel donde me
hospedé la vez anterior que fui a Machu Picchu, ¡¡¡cuántos recuerdos!!!)
donde un riquísimo almuerzo con el acompañamiento de un grupo musical
redondeaba una hermosa mañana. Nos quedaba reingresar y recorrer ahora a
nuestro ¡¡¡Piacere!!!.
Empezamos un recorrido lento con la sorpresa que había muy poca gente a
esta altura del día… (¿Viste?, te lo había anticipado, se venía la tarde más
lenta y más tranquila de ruido y de gente) caminamos, subimos,
bajamos, tengo que decir que no podía evitar, avanzar unos pasos y volver a
mirar para corroborar que todo estaba ahí aún y grabar cada imagen en mi
retina.
En un momento Adri se quedó a contemplar la ciudad en un lugar soñado de
marcadas terrazas, mientras Pety y yo seguimos recorriendo (yo tenía una
energía contenida que me impedía quedarme quieta), después de un rato nos
rencontramos con Adri que nos dio la idea de sacarnos una foto señalando con un
dedo al Huayna (de esas fotos como empujar la Torre de Pisa, o las clásicas en
el Salar de Jujuy), que la había copiado de un Guía; y ya cayendo la tarde,
empezamos una recorrida lenta despidiéndonos hasta el otro día.
Como si todo lo anterior fuera poco, vimos como uno de los encargados
comenzaba a juntar a las llamas en un sector… (Las tienen para que coman el pasto y que
quede prolijito) llevaba también a una bebé que nos dijo que si no
la unía con las grandes no sobreviviría a los zorros esa noche. Esa ceremonia
de acarreo fue un regalo extra que Machu Picchu nos regalo…
Allí nos cruzamos con una chica creo que alemana ella, que nos preguntó si
sabíamos a qué hora salía el último colectivo para Aguas calientes, era música
de una Orquesta de su país, le encantaba viajar sola, conocía muchísimos
lugares de Argentina, hablaba un perfecto español y nos contó que sus padres
estaban también en Perú y llegamos a la conclusión que coincidiríamos con ellos
en el vuelo a Argentina que era su próximo destino.
Comenzamos el descenso, nos fuimos al Hotel, que era lindo, cómodo y se
encontraba de frente al Urubamba, nuestra ventana nos ubicaba en Palco directo
al Río. Al rato de estar con la ventana abierta, tuvimos que cerrarla porque el
ruido que hacía el río era… ¡impresionante!.
Ahí salimos a pasear, recorrimos un mercadito con puestos de cosas muy
lindas, compramos unos llaveros, una taza para mi colección (ya se me rompió y
ahora va aser parte del mural de mosaiquismo que está haciendo Adri en su
jardín), Adri se probó botitas en todos lados (temíamos no llegar a Cusco con
tiempo de volver al negocio que las había visto) no se las compró ya que el
regateó no llegó a los índices necesarios.
Descartamos ir a las Termas, estábamos cansadas, había que subir
bastante y no quedaba demasiado tiempo, seguía lloviendo bastante fuerte… había
comenzado ya en nuestra vuelta en micro.
Después teníamos la cena en el mismo hotel… la cena fue muy rica, del
tipo Restaurant Goumet y nos fuimos para descansar para nuestra vuelta a Machu
Picchu y a Cusco al día siguiente. El guía nos había recomendado (para el día
siguiente a la mañana) encarar para la “Puerta del Sol”, se llamaba
así porque el encuentro de dos montañas formaba una especie de V corta donde el
sol emergía en el amanecer dándole sentido al nombre del lugar, también era la
puerta de entrada para los que hacían el camino del inca (caminando) o ir para el Puente
del Inca; mañana decidiríamos.
Después de la cena nos acostamos y la idea era darle dura hasta el otro
día…
Pero en un momento me despierto (no espontáneamente, me había despertado
el ruido del Urubamba) y veo a Pety mirando absorta por la ventana, me levanto
yo también y la imito, realmente verlo sacaba el sueño… el ruido era ensorcedor
y el cauce del río se salía de su curso, al borde de la calle que lo separaba
del Hotel, parecía endemoniado. Estábamos a un paso de la inundación, yo lo
observaba y para mis adentros pensaba “chau, Machu Picchu” no íbamos a poder volver
porque era obvio que esto se iba a inundar y, con suerte, íbamos a poder llegar
a la estación a tomar el tren.
Para esto Pety se mandó el mejor chiste, seriamente pensó en pedirles a
los del Hotel que nos cambiaran de habitación, creo que pensó “ojos que no
ven…” (Lo que
realmente pensé es que en cualquier momento el río nos llevaba puestas con
pueblo y todo) y ahí bajó a preguntar al encargado si estaba bien
que el rio estuviera así, el encargado le dijo que sí que era normal, que hacía
unos días se había inundado, pero nada grave y nos mandó a dormir, como si esto
fuera fácil ante semejante perspectiva. Mañana será otro día… (siempre…) y
veríamos que nos depararía nuestro último día en Aguas Calientes.
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