8vo.
día
Muy temprano arriba… fuimos a desayunar en ese
lugar espléndido con amplios ventanales que nos permitía empezar a adivinar la
mañana. Nos pasó a buscar una traffic que nos llevaría al puerto donde nos
estaba esperando una embarcación para navegar por el Coloso. De camino pasamos
a buscar a otros pasajeros, nuestro guía (tendríamos otro después en la
embarcación) nos contó que las casas que se encuentren sin terminar (frente u
otras cosas) no pagaba impuestos, por lo que, obviamente la mayoría (por ser
generosa y no decir todossss) tenían la casa sin terminar (ahí entendíamos
porque tenían los fierros expuestos)
Nuestros compañeros eran una pareja con una bebé:
colombianos, otros 2 amigos jóvenes también colombianos, una madre con su hija
adolescente, un centroamericano pero que vivía hace mucho en España y un
matrimonio con una hija, todos hablábamos español.
La embarcación era pequeña, pero cómoda: tenía la
parte cubierta con 2 sectores de asientos, una parte descubierta atrás y una
especie de “terraza” también con bancos.
El guía se presentó, era de hablar lento y parecía
no de muchas palabras y mi rápido prejuzgar hizo que pensara que le faltaba
preparación para la guía (después “me comí” esas palabras y fue uno de los
guías que más me gustó) también se llamaba César.
Empezaremos visitando a los Uros, que es un complejo de
islas artificiales construidas en base a totora, que se encuentra como plaga en
las costas del lago, al pasar por allí se veían personas con canoas del tipo
individual cortando totora con especies de machetes.
Una primera idea te muestra a la isla como un lugar donde
se vive como se puede, pero la realidad dice que hay una organización sólida,
basada en el aprovechamiento del turista, claro. Así nos explicaba nuestro guía
que hasta que no se llega no se sabe a qué isla se va a ir, porque una especie
de Administrador va designando las islas que serán visitadas de acuerdo a un
orden establecido por ellos; una bandera flameando sobre la isla muestra cual
es la seleccionada.
La construcción de estas islas se hace tejiendo las
totoras: nos mostraron como, formando una capa a la que los uros denominan khili;
sobre ésta capa construyen sus viviendas, también de una malla tejida de totora
a la que denominan estera. Cada vivienda es de una sola habitación y cocinan al
aire libre para evitar incendios. Nuestra Isla (ya me la apropié) tenía 4
viviendas: 2 perpendicular al lago y 2 paralelas.
Las islas se multiplican en el lago, llegando a ser
alrededor de 35. Número que varía de acuerdo a las necesidades de las familias
que deciden independizarse o deben mudarse por falta de lugar. Lo gracioso (y
nos mostraron el especie de serrucho que usan) es que si un integrante de la isla:
no quiere trabajar, no acepta las órdenes de la presidente o provoca disturbios,
se le serrucha el pedazo de isla donde está y se lo aleja; asimismo si hay un
festejo y no hay lugar, se juntan islas para que todos quepan y después se
vuelven a separar.
Además, cuenta con un sistema de anclaje hecho con
palos que llegan al fondo del lago para que, por la acción del viento o el
propio movimiento del agua, las islas no naveguen por el lago. Hay islas que se
encuentran fuera del circuito turísticos, ya que no aceptan visitas,
manteniendo cerrado su estilo de vida.
El origen de las islas se remonta a la época
incaica, los Incas (que eran bravos) cobraban impuestos a los pueblos dominados
y los que no querían pagar los impuestos, se alejaban y empezaban a vivir
escondidos entre las totoras y de ahí comenzaron a armar las islas. Aún en la
actualidad no pagan Impuestos.
También nos mostraron como tejen (increíblemente no
hacen artesanías con totora) y nos ofrecieron para comprar. Compramos cosas,
obviamente, son lindas y ellas sumamente insistentes: de allí nos llevamos
mantas, cartucheras, un collar…
Después cada una de las habitantes de las islas,
invitaban a que conociéramos la casa separándonos por grupitos,(todas hablaban
español) era rarísimo pisar el suelo, es como estar en la “caminata lunar””
(……).
Los monoambientes cuentan con un sector para ropas:
apiladas desordenadamente (mi hijo estaría bárbaro ahí, se ve que conocía el
sistema y lo utiliza para su habitación) nos invitaron a ponernos polleras y
otras cosas… si queríamos, el espacio tenía también una especie de cama (con
totora) una mini luz colgada del techo y hasta una tele pequeñísima. La luz con
baterías, había sido dado por Fujimori, al que los Uros lo aman, ya que se
había preocupado por su calidad de vida y fue el único presidente que fue a
pasar una noche en las Islas. El baño era la parte de atrás de la isla…nada más
para acotar del tema.
Había también una especie de mirador alto al que
Pety y Adri se subieron junto con el colombiano más joven.
También tenían una embarcación toda hecha de
totora, muy pintoresca donde te llevaban a dar una vuelta.
Luego volvimos a bajar en una isla cercana, donde
había baño, de los baños que usamos nosotros; no los de ellos, también nos
propusieron que tomáramos algo, obvio el
que quería, nosotras ni bajamos y aprovechamos para subir a la parte superior
de la lancha, había salido el sol a pleno y estaba espectacular; en esa isla
estaba también el lugar para hospedarse y pasar la noche…toda una experiencia,
que no me interesaba en lo más mínimo tener.
Luego de la “parada técnica”, nos quedaba la
navegación por el Titicaca rumbo a la Isla de Taquile, eran aproximadamente 3
horas y media; ahí Cesar nos habló del Titicaca, de su fauna: nos contó que
habían traído de Chile y de Argentina: truchas y que por supuesto estaba
depredando la fauna autóctona, los peces propios del lago se usaban para uso
interno, no para el turismo porque tiene muchas espinas.
El Titicaca tiene una profundidad de 280 metros, es el
lago navegable más alto del mundo (tomá pa vos) y dentro de los 20 de mayor
extensión. Nos contó más cosas que no recuerdo y fue muy específico con ser
puntuales para retornar, porque según nos dijo las hermosas y cristalinas aguas
del Grandioso a la tarde se tornaban “nada amigables” y ahí nos habló de
alturas de olas, movimientos de la embarcación y que solía llenarse de agua la
parte descubierta, etc., etc… cosas que en realidad, no eran muy “simpáticas” y
que a Pety y a mí nos remitieron a un paseo que hicimos a la Isla Martín García
donde el caos fue tal, que la “psicóloga” de la escuela (se supone que era la
que tenía que manejar mejor la situación) lloraba y pedía por su madre.
Ahí César con unas laminitas de la flora y la fauna del
lago, se tomó el trabajo de acercarse a cada grupito y explicarnos del tema, a
esa altura estábamos en la parte de afuera (había que aprovechar ahora si a la
tarde no iba a ser tan placentera la navegación), se nos acercó y después de la
data empezamos a hablar de la vida de cada uno: nos contó que eran 12 hermanos,
que sólo 2 vivían en Puno, que su mamá vivía en Bolivia, un hermano, que era el
representante de Disney en Perú, vivía en China, que hablaba: quechua porque
era de Puno, Aymara porque era lengua materna, español, lo había aprendido en
la escuela, inglés, portugués y francés (yo había prejuzgado que no era un chico
preparado, excelente intuición la mía).
Lo genial y que quedó para la historia fue la cara que
puso y lo desconcertado que se quedó cuando le dije que tenía un solo hijo, se
quedó mudo por un rato, me preguntó porque y después dijo:
¿y salió bueno? Porque acá se dice que si uno tiene pocos
hijos no salen buenos.
Le explique que bueno, lo que se dice bueno… en fin… seguíamos
hablando y al ratito se acordaba, me miraba y movía la cabeza sin terminar de
convencerse de mi decisión de tener un solo hijo… fue muy gracioso…
Llegando ya a la Isla de Taquile, y eso fue lo que más me
impactó de su guía, nos mostraba el vivir cotidiano del poblador, nos decía
como se llamaba la gente, que iba a hacer, porque hacian eso…
La isla de Taquile tiene
unos 2.000 habitantes. Está en pendiente ascendente y no tiene un solo medio de
transporte: ni una mísera bici. Se ven a los pobladores subiendo y bajando todo
el tiempo, del puerto a la parte de arriba con cosas para subir y bajar y los
hombres tejiendo mientras caminan, nosotros no podíamos ni respirar de lo
empinado que era el camino y ellos llevaban cosas y tejían… fue
un insulto. En la isla se habla Quechua. Fue una de las últimas localidades
peruanas que cayeron frente a los españoles. Los españoles prohibieron la
vestimenta tradicional incaica, por lo que los isleños tuvieron que adoptar la
vestimenta campesina que hasta el día de hoy usan. Por la vestimenta se puede
saber si el hombre es soltero o casado: tienen un gorro al que llaman “Chullo”
que, de acuerdo a como es, indica la diferencia, y hasta si está buscando
pareja. Dentro de la isla no habita ningún perro ni tampoco hay la presencia de
policía porque no se cometen delitos, al entrar a la isla te dan la bienvenida
y te dicen que no se les puede sacar fotos a los niños sin pedir permiso.
A pesar de tener generadores
de luz, usan paneles de energía solar.
Fuimos subiendo (como
podíamos) al centro donde había una placita, con un galpón donde se exhibían
tejidos: ellos tienen unas fajas tejidas espectaculares y dicen que, en sus
dibujos, se representa cosas de su vida… cuando vimos los tejidos, le
recriminamos al guía no habernos avisado la calidad de los tejidos, habíamos
comprado cosas en los Uros y nos quedaba poca plata, un desperdicio, igual Adri
y Pety compraron unas fajitas.
Después íbamos a ir a almorzar
a una casa. César re campechano nos daba indicaciones a control remoto y como
si conociéramos la Isla desde siempre: decía “vayan por allá, después en la
piedra (todo era piedra) suban para allá” (ni idea lo que era “acá” o “allá”)
él se quedaba charlando y paveando… conclusión: llegamos por ensayo y error y
yo envidiando lo relajado que era.
Nos habían puesto una mesa al
aire libre: vista panorámica a gran parte de la isla y al gran lago;
almorzamos: sopa (el colombiano le agregaba a la sopa el picante que nos habían
traído para la entrada) y una trucha ¡¡¡espectacular!!!… como estamos en Perú
todo termina con un té de coca y comenzamos el descenso para retornar a Puno,
previa muestra de cómo se lavaban los platos con una planta que hace una espuma
y limpia que ni el Cif puede.
Cuando subimos a la lancha,
nos acompañaron el chico que nos había hecho de mozo, su pareja y el bebé (las
parejas primero conviven y si funciona, recién ahí se casan) nosotras nos
quedamos en la parte de afuera aprovechando que supuestamente después se iba a
embravecer el Lago (y no íbamos a
poder estar en parte externa de la lancha), el sol estaba
a pleno, el lago tranquilísimo; envolvieron al bebé en esas mantas como se
hacen ellos, y lo apoyaron en el piso; el bebé despierto ni se movía (si era
uno de los nuestros ya estaba en el lago), ella sacó el tejido y se puso a
tejer, el bebé: un santo.
El barco era de origen y
creación puneña: motor de colectivo convertido en lancha. Manteniendo la suerte
que habíamos tenido en todo el viaje, Cesar nos decía que era increíble lo
tranquilo que estuvo el lago en toda la vuelta, pasamos un tarde con sol y una
brisa perfecta. Conclusión permanecimos afuera todo el recorrido… navegación
óptima.
Arribamos a Puno, a la noche
era la presentación de las bandas, gran fiesta a la que íbamos a ir. Al otro
día en el estadio cubierto de Puno se presentaban las comparsas en otro
espectáculo muy colorido, a la que muchos puneños no accedían porque la entrada
era de casi 150 soles.
Llegamos al hotel, nos
cambiaríamos y al centro de Puno: ese era el plan. Al llegar al puerto, la
tormenta que nos había prometido César al partir, se estaba despertando.
Llegamos al hotel y mientras hablábamos con Bs. As. (Había llovido allá muchos
mm en poco tiempo y estaba medio Bs. As. inundado) empezaron a caer unas gotas
que empezaron a combinarse con truenos, relámpagos, viento, más lluvia… se
empieza a escuchar un ruido impresionante y a los minutos un granizo grueso
cubría todo el suelo, al punto que yo estuve por un largo rato convencida que
era nieve (aún dudo) igual no era un granizo como el de acá porque al otro día
a la mañana aún estaba en muchos sectores, intacto. La lluvia seguía y nos
convenció que una rica cena en el hotel iba a ser lo mejor, ganas de mojarnos
no teníamos, aparte hacía bastante frío. Un día con todos los matices.
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