domingo, 27 de julio de 2014

Uros- Taquile- Puno

8vo. día


Muy temprano arriba… fuimos a desayunar en ese lugar espléndido con amplios ventanales que nos permitía empezar a adivinar la mañana. Nos pasó a buscar una traffic que nos llevaría al puerto donde nos estaba esperando una embarcación para navegar por el Coloso. De camino pasamos a buscar a otros pasajeros, nuestro guía (tendríamos otro después en la embarcación) nos contó que las casas que se encuentren sin terminar (frente u otras cosas) no pagaba impuestos, por lo que, obviamente la mayoría (por ser generosa y no decir todossss) tenían la casa sin terminar (ahí entendíamos porque tenían los fierros expuestos)

Nuestros compañeros eran una pareja con una bebé: colombianos, otros 2 amigos jóvenes también colombianos, una madre con su hija adolescente, un centroamericano pero que vivía hace mucho en España y un matrimonio con una hija, todos hablábamos español.

La embarcación era pequeña, pero cómoda: tenía la parte cubierta con 2 sectores de asientos, una parte descubierta atrás y una especie de “terraza” también con bancos.

El guía se presentó, era de hablar lento y parecía no de muchas palabras y mi rápido prejuzgar hizo que pensara que le faltaba preparación para la guía (después “me comí” esas palabras y fue uno de los guías que más me gustó) también se llamaba César.

Empezaremos visitando a los Uros, que es un complejo de islas artificiales construidas en base a totora, que se encuentra como plaga en las costas del lago, al pasar por allí se veían personas con canoas del tipo individual cortando totora con especies de machetes.


Una primera idea te muestra a la isla como un lugar donde se vive como se puede, pero la realidad dice que hay una organización sólida, basada en el aprovechamiento del turista, claro. Así nos explicaba nuestro guía que hasta que no se llega no se sabe a qué isla se va a ir, porque una especie de Administrador va designando las islas que serán visitadas de acuerdo a un orden establecido por ellos; una bandera flameando sobre la isla muestra cual es la seleccionada.

Al bajar nos reciben los pobladores de nuestra isla que eran en ese momento todas mujeres, para que no extrañemos a la Argentina, la presidenta era una mujer que nos dio la bienvenida en Aymara (aunque entendía perfectamente el español, porque cuando César nos explicaba algo, ella mostraba a tiempo graficando la explicación, y luego habló con nosotras; pero en toda la introducción, y creo que ayudando a mantener la magia de lo autóctono del lugar: nos hablaba en Aymara) originariamente hablaban un dialecto (no recuerdo el nombre) pero con el tiempo se perdió y se reemplazó con el Aymara (estábamos en el sector de predominio boliviano).


La construcción de estas islas se hace tejiendo las totoras: nos mostraron como, formando una capa a la que los uros denominan khili; sobre ésta capa construyen sus viviendas, también de una malla tejida de totora a la que denominan estera. Cada vivienda es de una sola habitación y cocinan al aire libre para evitar incendios. Nuestra Isla (ya me la apropié) tenía 4 viviendas: 2 perpendicular al lago y 2 paralelas.


Las islas se multiplican en el lago, llegando a ser alrededor de 35. Número que varía de acuerdo a las necesidades de las familias que deciden independizarse o deben mudarse por falta de lugar. Lo gracioso (y nos mostraron el especie de serrucho que usan) es que si un integrante de la isla: no quiere trabajar, no acepta las órdenes de la presidente o provoca disturbios, se le serrucha el pedazo de isla donde está y se lo aleja; asimismo si hay un festejo y no hay lugar, se juntan islas para que todos quepan y después se vuelven a separar.

Además, cuenta con un sistema de anclaje hecho con palos que llegan al fondo del lago para que, por la acción del viento o el propio movimiento del agua, las islas no naveguen por el lago. Hay islas que se encuentran fuera del circuito turísticos, ya que no aceptan visitas, manteniendo cerrado su estilo de vida.

El origen de las islas se remonta a la época incaica, los Incas (que eran bravos) cobraban impuestos a los pueblos dominados y los que no querían pagar los impuestos, se alejaban y empezaban a vivir escondidos entre las totoras y de ahí comenzaron a armar las islas. Aún en la actualidad no pagan Impuestos.

La totora es usada para todo, hasta comen un tronquito blanco, cosa que nos aconsejó que no hiciéramos, ese tallito contiene yodo. Esto previene el bocio. La totora también se utiliza para ayudar a aliviar las resacas relacionados con el alcohol, cuando hace calor se frotan por el cuerpo y da sensación de refresco… conclusión: todo terreno.

También nos mostraron como tejen (increíblemente no hacen artesanías con totora) y nos ofrecieron para comprar. Compramos cosas, obviamente, son lindas y ellas sumamente insistentes: de allí nos llevamos mantas, cartucheras, un collar…

Después cada una de las habitantes de las islas, invitaban a que conociéramos la casa separándonos por grupitos,(todas hablaban español) era rarísimo pisar el suelo, es como estar en la “caminata lunar”” (……).

Los monoambientes cuentan con un sector para ropas: apiladas desordenadamente (mi hijo estaría bárbaro ahí, se ve que conocía el sistema y lo utiliza para su habitación) nos invitaron a ponernos polleras y otras cosas… si queríamos, el espacio tenía también una especie de cama (con totora)   una mini luz colgada del techo y  hasta una tele pequeñísima. La luz con baterías, había sido dado por Fujimori, al que los Uros lo aman, ya que se había preocupado por su calidad de vida y fue el único presidente que fue a pasar una noche en las Islas. El baño era la parte de atrás de la isla…nada más para acotar del tema.

Había también una especie de mirador alto al que Pety y Adri se subieron junto con el colombiano más joven.

También tenían una embarcación toda hecha de totora, muy pintoresca donde te llevaban a dar una vuelta.


Luego volvimos a bajar en una isla cercana, donde había baño, de los baños que usamos nosotros; no los de ellos, también nos propusieron que  tomáramos algo, obvio el que quería, nosotras ni bajamos y aprovechamos para subir a la parte superior de la lancha, había salido el sol a pleno y estaba espectacular; en esa isla estaba también el lugar para hospedarse y pasar la noche…toda una experiencia, que no me interesaba en lo más mínimo tener.

Luego de la “parada técnica”, nos quedaba la navegación por el Titicaca rumbo a la Isla de Taquile, eran aproximadamente 3 horas y media; ahí Cesar nos habló del Titicaca, de su fauna: nos contó que habían traído de Chile y de Argentina: truchas y que por supuesto estaba depredando la fauna autóctona, los peces propios del lago se usaban para uso interno, no para el turismo porque tiene muchas espinas.

El Titicaca tiene una profundidad de 280 metros, es el lago navegable más alto del mundo (tomá pa vos) y dentro de los 20 de mayor extensión. Nos contó más cosas que no recuerdo y fue muy específico con ser puntuales para retornar, porque según nos dijo las hermosas y cristalinas aguas del Grandioso a la tarde se tornaban “nada amigables” y ahí nos habló de alturas de olas, movimientos de la embarcación y que solía llenarse de agua la parte descubierta, etc., etc… cosas que en realidad, no eran muy “simpáticas” y que a Pety y a mí nos remitieron a un paseo que hicimos a la Isla Martín García donde el caos fue tal, que la “psicóloga” de la escuela (se supone que era la que tenía que manejar mejor la situación) lloraba y pedía por su madre.



Ahí César con unas laminitas de la flora y la fauna del lago, se tomó el trabajo de acercarse a cada grupito y explicarnos del tema, a esa altura estábamos en la parte de afuera (había que aprovechar ahora si a la tarde no iba a ser tan placentera la navegación), se nos acercó y después de la data empezamos a hablar de la vida de cada uno: nos contó que eran 12 hermanos, que sólo 2 vivían en Puno, que su mamá vivía en Bolivia, un hermano, que era el representante de Disney en Perú, vivía en China, que hablaba: quechua porque era de Puno, Aymara porque era lengua materna, español, lo había aprendido en la escuela, inglés, portugués y francés (yo había prejuzgado que no era un chico preparado, excelente intuición la mía).

Lo genial y que quedó para la historia fue la cara que puso y lo desconcertado que se quedó cuando le dije que tenía un solo hijo, se quedó mudo por un rato, me preguntó porque y después dijo:

¿y salió bueno? Porque acá se dice que si uno tiene pocos hijos no salen buenos.

Le explique que bueno, lo que se dice bueno… en fin… seguíamos hablando y al ratito se acordaba, me miraba y movía la cabeza sin terminar de convencerse de mi decisión de tener un solo hijo… fue muy gracioso…

Llegando ya a la Isla de Taquile, y eso fue lo que más me impactó de su guía, nos mostraba el vivir cotidiano del poblador, nos decía como se llamaba la gente, que iba a hacer, porque hacian eso…


La isla de Taquile tiene unos 2.000 habitantes. Está en pendiente ascendente y no tiene un solo medio de transporte: ni una mísera bici. Se ven a los pobladores subiendo y bajando todo el tiempo, del puerto a la parte de arriba con cosas para subir y bajar y los hombres tejiendo mientras caminan, nosotros no podíamos ni respirar de lo empinado que era el camino y ellos  llevaban cosas y tejían… fue un insulto. En la isla se habla Quechua. Fue una de las últimas localidades peruanas que cayeron frente a los españoles. Los españoles prohibieron la vestimenta tradicional incaica, por lo que los isleños tuvieron que adoptar la vestimenta campesina que hasta el día de hoy usan. Por la vestimenta se puede saber si el hombre es soltero o casado: tienen un gorro al que llaman “Chullo” que, de acuerdo a como es, indica la diferencia, y hasta si está buscando pareja. Dentro de la isla no habita ningún perro ni tampoco hay la presencia de policía porque no se cometen delitos, al entrar a la isla te dan la bienvenida y te dicen que no se les puede sacar fotos a los niños sin pedir permiso.


A pesar de tener generadores de luz, usan paneles de energía solar.

Fuimos subiendo (como podíamos) al centro donde había una placita, con un galpón donde se exhibían tejidos: ellos tienen unas fajas tejidas espectaculares y dicen que, en sus dibujos, se representa cosas de su vida… cuando vimos los tejidos, le recriminamos al guía no habernos avisado la calidad de los tejidos, habíamos comprado cosas en los Uros y nos quedaba poca plata, un desperdicio, igual Adri y Pety compraron unas fajitas.

Después íbamos a ir a almorzar a una casa. César re campechano nos daba indicaciones a control remoto y como si conociéramos la Isla desde siempre: decía “vayan por allá, después en la piedra (todo era piedra) suban para allá” (ni idea lo que era “acá” o “allá”) él se quedaba charlando y paveando… conclusión: llegamos por ensayo y error y yo envidiando lo relajado que era.

Nos habían puesto una mesa al aire libre: vista panorámica a gran parte de la isla y al gran lago; almorzamos: sopa (el colombiano le agregaba a la sopa el picante que nos habían traído para la entrada) y una trucha ¡¡¡espectacular!!!… como estamos en Perú todo termina con un té de coca y comenzamos el descenso para retornar a Puno, previa muestra de cómo se lavaban los platos con una planta que hace una espuma y limpia que ni el Cif puede.


Cuando subimos a la lancha, nos acompañaron el chico que nos había hecho de mozo, su pareja y el bebé (las parejas primero conviven y si funciona, recién ahí se casan) nosotras nos quedamos en la parte de afuera aprovechando que supuestamente después se iba a embravecer el Lago (y no íbamos a poder estar en parte externa de la lancha), el sol estaba a pleno, el lago tranquilísimo; envolvieron al bebé en esas mantas como se hacen ellos, y lo apoyaron en el piso; el bebé despierto ni se movía (si era uno de los nuestros ya estaba en el lago), ella sacó el tejido y se puso a tejer, el bebé: un santo.


El barco era de origen y creación puneña: motor de colectivo convertido en lancha. Manteniendo la suerte que habíamos tenido en todo el viaje, Cesar nos decía que era increíble lo tranquilo que estuvo el lago en toda la vuelta, pasamos un tarde con sol y una brisa perfecta. Conclusión permanecimos afuera todo el recorrido… navegación óptima.

Arribamos a Puno, a la noche era la presentación de las bandas, gran fiesta a la que íbamos a ir. Al otro día en el estadio cubierto de Puno se presentaban las comparsas en otro espectáculo muy colorido, a la que muchos puneños no accedían porque la entrada era de casi 150 soles.

Llegamos al hotel, nos cambiaríamos y al centro de Puno: ese era el plan. Al llegar al puerto, la tormenta que nos había prometido César al partir, se estaba despertando. Llegamos al hotel y mientras hablábamos con Bs. As. (Había llovido allá muchos mm en poco tiempo y estaba medio Bs. As. inundado) empezaron a caer unas gotas que empezaron a combinarse con truenos, relámpagos, viento, más lluvia… se empieza a escuchar un ruido impresionante y a los minutos un granizo grueso cubría todo el suelo, al punto que yo estuve por un largo rato convencida que era nieve (aún dudo) igual no era un granizo como el de acá porque al otro día a la mañana aún estaba en muchos sectores, intacto. La lluvia seguía y nos convenció que una rica cena en el hotel iba a ser lo mejor, ganas de mojarnos no teníamos, aparte hacía bastante frío. Un día con todos los matices.

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