domingo, 27 de julio de 2014

Valle Sagrado II

12do. día: VALLE SAGRADO


Hoy nuestro recorrido no comenzaba tan temprano, salíamos cerca de las 10 hs. así que se podía remolonear un poco más. Suponíamos que íbamos a ser pocos en el tour, o que seríamos nosotras solas… ya que a quien comentamos el recorrido que íbamos a hacer (los guías, más que nada) nos decían que era muy bello, pero no muy común. Desayunamos en el comedor del hotel cuyas ventanas daban al jardín (rodeadas de 300 chinos) (y una baranda a ajo impresionante, eran las 8:30 de la mañana… un saludo al INADI…) y salimos para esperar nuestro vehículo.

Como nos imaginamos, éramos nosotras solas, con el chófer, íbamos a levantar al Guía cerquita, venía de otro lugar, era rara la situación de ir a buscar al guía, pero realmente, valía la pena esperarlo porque era un fenómeno, había sido Presidente de la Asociación de Guías de Perú y sabía un montonazo (no sé si después Betty lo comenta, pero no solo nos explicó sobre los lugares que visitamos con él sino también de lugares donde le contamos habíamos ido en días anteriores); hacía lo que le parecía, con la seguridad del que sabe lo que hace… por eso, cambió el orden de todas las cosas que teníamos que hacer y dejó el almuerzo para el final (como le habíamos propuesto al de Ollantaytambo) sin preocuparse si a la Agencia le parecía bien o no.

Primero rumbeamos para las Minas de Sal en Maras. Las tres conocíamos las Minas de Sal de Jujuy y la reproducción mental de esa imagen, era lo que yo esperaba encontrar allí.

Grande fue el impacto de no ver una amplia planicie blanca, sino un salar en terrazas (sí, hasta la minería era con esa modalidad). Claro estas minas eran en las montañas, encima al ser temporada de lluvias, era el momento del año que sólo funcionan para el turismo, ya que no es tiempo de extracción. El contraste de sus pozos blancos con el contexto de montaña y verde era imponente.


Eran minas milenarias construidas por los Incas, en una verdadera obra de ingeniería, que así comprobamos cuando vimos los sistemas de agua, filtrado y distribución que eran los originales, ya que sólo estaban mejorados, pero no cambiados, ni modernizados.

Está compuesto por miles (pero son miles de verdad: 3000 o más, nos dijeron) de pozos (ellos le dicen poza) de unos 5 metros cuadrados cada uno, atravesada por un riachuelo que nutre de agua salada las cavidades. Yo como soy docente y tengo espíritu de enseñar vivencialmente; metí mi zapatilla (con mi pié, claro) en el agua y cuando se secó, pude hacer observar a mis “pupilas”, la presencia de sal en mis bellas zapatillas negras, las cuales se las veía: blancas (me sacrifiqué por el bien de la educación), (en realidad el guía nos dijo, esperen a que se seque y van a ver la diferencia entre una zapatilla y la otra…).
Luego el agua del riachuelo, se filtra y se evapora por acción del intenso sol, haciendo que broten los cristales de sal gruesa, luego de 1 mes la sal alcanza los 10 cm. de altura y tiene que cosecharse, esta actividad se realiza familiarmente. La explotación la realiza una especie de cooperativa por un grupo de familias que se manejan en forma comunal, cada familia tiene designada las pozas que las preparan, cuidan y cosechan.

Al ingresar, antes de bajar para recorrerla, hay una serie de negocios, donde te venden sal en todos sus formas: en estatuitas, para uso gastronómico (compramos todas, yo para Silvia, combinado con especies) bah, como se te ocurra… también venden tejidos, etc.; allí estaban otra forma de las botitas que veníamos encontrando y que Adri y yo queríamos comprar; no eran tan lindas como las de Cusco (pero no sabíamos si llegaríamos a encontrar los negocios abiertos en Cusco al regreso) mi número de Cenicienta estaba, así que me las compré.

De ahí nos fuimos para Moray, originariamente no me decía nada el lugar, no había investigado previamente y no era un lugar elegido por nosotras, fue mérito de Vanesa (la de la agencia recomendada por Ale Martinez) el que hayamos ido; me dije… ”Un lugar más”, pero visitarlo fue impresionante, realmente no sé cómo no lo promocionan.

Moray era un centro de investigación agrícola incaico donde se llevaron a cabo experimentos de cultivos a diferentes alturas, A simple vista ves 3 niveles de terrazas concéntricas (es fácil largar la palabra “concéntrica” pero la perfección geométrica en la construcción de esos anillos circulares hace dudar que los extraterrestres no lo hicieron). Para ingresar a cada nivel había unas escaleras de piedra y lo impresionante es que el clima logrado en la última de las terrazas coincide con la 1ra. del nivel superior (¿Podés creer?), o sea que la disposición de sus andenes produce una serie de microclimas teniendo el centro de los andenes circulares concéntricos una temperatura más alta y reduciéndose gradualmente hacia el exterior a temperaturas más bajas, pudiendo de esta forma simular hasta 20 diferentes tipos de microclimas (puede haber una diferencia de 12° en los andenes de un mismo nivel). Allí se realizaban experimentaciones para la intervención en la genética de las plantaciones, me gusta una palabra que usan allá “domesticación” de cultivos, yo acá la domesticación la escuché sólo para referirse a animales. La clave para descubrir esto fue el encontrar plantaciones de coca en lugares que no es nada apto para ellas.


Pero lo interesante de esto, es que según nuestro guía (y no lo encontré en ningún lado que leí sobre Moray) que se utilizó ese lugar, aprovechando la depresión producida por los fragmentos de un meteorito que cayó en la zona, según él, provocó 9 pozos y los Incas usaron 3 de ellos para la construcción de este Centro de Investigación Agrícola. Tuvimos la oportunidad de bajar hasta las terrazas más bajas, acompañadas por la inteligencia, la locuacidad, la sabiduría y la forma de hablar de nuestro guía que era cautivante…fue un día perfecto.


Al terminar el recorrido, fuimos al baño y al salir encaramos para nuestra traffic, ahí veíamos a un tipo intentando entrar a nuestro vehículo y mirando con rareza las cosas de adentro, miramos alrededor buscando a nuestro guía: para ver si él estaba bien o nosotros estábamos bien; y ahí lo vimos: él y el chofer muriéndose de risa viendo como el gringo se volvía loco viendo si era su vehículo o no… y ellos sin decirle nada.

De ahí nos fuimos a Chinchero, donde nos llevaron a la casa de unas mujeres que nos dieron un té de coca como bienvenida, mientras… las escuchábamos explicarnos sobre lana, tinturas y tejidos. Sentaditas escuchando atentamente, veíamos también el lugar donde tenían en una especie de jaula varios cuy, que estarían esperando convertirse en alguna ¿rica? cena….

Tenían unas cosas preciosas para vender (que raro, ¿no?) y ahí Pety compró otras madejas de lana, en estos lugares es imposible irse sin comprar algo, primero por la calidad de los tejidos y segundo porque te atienden y te explican de una forma, que si no compras lo sentís como una falta de consideración a la dedicación que pusieron a tu visita.


Después empezamos a recorrer Chinchero, ni bien avanzás, te encontrás  rodeada de formidables paredes de especies de poliedros ensamblados que forman muros de contención dando forma a terrazas, o sea que las viviendas y los lugares están formados por las queridas terrazas que a esta altura nos resultaban muy familiares, también podemos ver que forman grandes salas con ventanas, puertas y accesos a distintos lugares.


Entonces llegas a la plaza, que concluye con un muro inca, que tiene 12 concavidades con esculturas u otras representaciones incas. Este muro a su vez sirve de contención a otra plaza que hace de entrada o atrio frente a la Iglesia y cerca de 3 Adoratorios (que no recuerdo los nombres) cuidadosamente trabajados. La charla a esta altura fue sumamente interesante, nos enseñó a reconocer tipos de muros, hablamos sobre momias, religión, costumbres y anécdotas familiares que se entrelazaban con el conocimiento profundo que tenía sobre esta que era también su cultura .Para llegar a la Iglesia de Chinchero: Nuestra Señora de Monserrat que tenía una cúpula que según nuestro guía era más bella que la de Arequipa y la de Andahuaylillas y afuera un importante mural contando la historia de Tupac Amaru.


Ahí si ya teníamos hambre y nos dirigimos directamente al mejor lugar donde íbamos a ir a almorzar, nos llevaron al Sonesta Posada del Inca (la misma cadena de hoteles del que habíamos ido en Arequipa), pero éste hotel se encontraba alejado de la ciudad, emplazado en un amplísimo terreno donde jardines se enlazaban con fuentes de agua que estaban decoradas con flores, caminos de piedras, escaleras, habitaciones en galerías, hasta había una bicicleta con un canasta decorada con un bouquet de flores que era de exposición, después de atravesar esos sectores, en el fondo había un sector al aire libre donde estaban dispuestas mesas que daban a la más grande de las fuentes y enfrente una capilla que era una belleza, o sea , todo eso que dije era parte del Hotel, bueno… que decir… imponente.


Salimos y pensábamos decirle que nos deje en Ollantaytambo, porque teníamos ganas de recorrerlo un poco más, pero terminamos pidiéndole que nos deje en el Pueblo para conocerlo y hacer alguna compra para la cena de la noche. El pueblo estaba repletísimo de gente, arremolinada entre los que vendían y los que compraban; al final entramos a un Mercado (vuelvo a decir, acá ni en pedo compro en un lugar así) ahí compramos quesos, después que nos dieron varios a probar y el pan para acompañar lo compramos en un negocito frente a la Plaza que contenía la Iglesia (un clásico) también compramos unas cusqueñas que íbamos a enfriar en la heladera de la habitación, ahí dudamos entre caminar hasta el Hotel o tomarnos una Mototaxi (yo tenía ganas de probar, pero realmente me parecía que las 3 y el chófer no entrábamos ahí) (Nunca viajamos en mototaxi…). Así que volvimos caminando para terminar el día comprando unas llamitas en un negocito muy lindo de souvenires que tenía el Hotel y preparando todo porque al otro día teníamos tren y ¡¡¡Machu Picchu!!!.




No hay comentarios:

Publicar un comentario