7mo.
día
Ya
despiertas y ya habiendo recuperado mi condición de ser humano, nos levantamos,
ajustamos valijas y a desayunar (eran las 6 y un fresquete…).
El
desayuno lo hicimos en el mismo comedor donde cenamos….”cenaron ellas”, encima
que lo teníamos incluido lo desperdicié. Puntual, nos vino a buscar: César,
nuestro guía, que nos dio 2 opciones: o lo acompañábamos a buscar al resto de
los pasajeros a otros hoteles, según él, el camino era bello, pero no estaba en
muy buenas condiciones; o nos podría dejar en la Plaza de Yanque, (optamos por
esta última posibilidad).
La plaza, en el
centro, tenía una fuente (no salía agua) sobre una plataforma ovalada (Redonda, era
redonda), en la que un grupo de nenas de distintas edades bailaban
todooo el tiempo, siguiendo los compases de una… no me animo a clasificar el
tipo de música que era (tengo varias amigas profes de música y de folklore y
las respeto…) muy pegadiza; la música a full… aunque era re temprano (todavía no eran
las 8:30). Las bailarinas se movían con sus polleras multicolores,
sombreros que enmarcaban las 2 trenzas con las que se peinaban, decoradas con
pompones largos, que revoleaban cuando la
canción decía “vueltecita, vueltecitaaaaa”, era una canción autóctona de Colca
(porque la nombraba lo sé, no porque sea muy informada), una de las nenas
dirigía el grupo: con cara de pocos amigos y otra pasaba la gorra; la que
dirigía estaba muy atenta a que cualquiera que sacara una foto o filmara haya
puesto previamente algo en la gorra. Es más, yo primero le di unos soles,
después filmé y la “jefa” fue a preguntarle si yo había puesto algo.
Después
de la danza, Miramos los clásicos puestos que bordeaban la plaza, ahí compramos
unas muñequitas muy lindas. Nuestro amigo guatemalteco, al que “todo lo venía
bien” (comió y tomó café en cada parada que hicimos) se sacó una foto con un
ave grandote y colorido (juro que vi el pájaro y sabía que él si iba a sacar la
foto ahí).
Después cruzamos a la
Iglesia, que tenía una cruz metálica labrada en la entrada, frente en medio
punto y una torre a la derecha: la rodeamos… por el costado también tenía otra
entrada , que no parecía usarse en la actualidad; para las expertas : Adri y
Pety ( Licenciadas en “hablemos sin saber…pero opinemos con ACTITUD siempre”)
ésa había sido en un tiempo la entrada principal (tomá esa…); adentro el altar
central, los laterales, el púlpito (que no falta en ninguna iglesia) y una
señora estaba prendiendo todas las velas que acompañaban a los altares.
Al
salir, caminamos por el pueblo (perdón sino se le dice pueblo y es ciudad o que
se yo) tenía algunas calles con un mejorado y el resto: tierra, con sus casas
de adobe. Muy Purmamarca… esa onda.
Llegó nuestro
vehículo y partimos. Desesperadas le preguntamos si estaba solucionado lo del
piquete y dijo que si, displicentemente, como si jamás hubiese planteado el
problema y nunca hubiese estado en peligro la visita… y comenzamos nuestro
camino al “Mirador de la Cruz del Cóndor” (Dijo
eso displicente pero nos aclaró que era posible que los cóndores no
aparecieran, porque hay días que están esperándolos pero no aparece. El flaco
era empelado del centro de ayuda
al suicida y lo despidieron, por eso se dedicaba a ser guía… jaja).
Íbamos subiendo, tranqui y con unos deseos inmensos
de que los cóndores se dignaran a aparecer. El camino era muy bello, las
terrazas iban dándole marco y adelantándonos lo que iba a ser Cusco y Machu
Picchu. Ante las primeras terrazas y las primeras lloviznas, la traffic se detuvo
al costado del camino para unas fotos. Paramos y por arte de magia aparecieron
los lugareños con llamas y alpacas. El guía nos recordó que esperan alguna
recompensa a cambio de dejarse fotografiar. Realmente no saqué ninguna foto,
así entiendo que ellos también se benefician, pero fotografiarlos me parece
“cosificarlos” y es una situación que me incomoda y por lo tanto: la evito.
Ver las terrazas y
maravillarse es sólo uno: la perfección en la diagramación y la construcción es
increíble. Según nos dijeron TODOS los guías (repite, repite y quedará…) las
terrazas cumplían 3 funciones: antisísmico, anti erosivo, agricultura,
aprovechamiento del agua. Pero lo genial es que desarrollaron el concepto de
microclimas, por ejemplo: en los pisos más altos, donde se incrementa la
capacidad de conservación del calor del suelo por acción de la radiación solar,
que es absorbida por las piedras de los muro, se cultivaba algo distinto que en
los pisos más bajos (no me quiero adelantar en Moray vemos aún más profundo este
concepto) Por supuesto, no fue creación Inca, fue pre-inca; pero como ya
dijimos el principal mérito de ellos fue tomar lo bueno de otras culturas y
llevarlo a su máxima expresión.
Después de una hora y media de viaje y de superar un
clima “dudoso”, llegamos al Cañón con un día espléndido… ahora, era ver si nos
tocaba la sortija o no (bueno… soy del tiempo de la calesita) (¿de qué hablás Betty?).
Nos ubicamos en el medio de los 2 miradores: había
uno arriba y otro más abajo, se sentía en el ambiente algo raro: mezcla de
excitación con calma espera… pero también flotaba la certeza que iban a venir…
lo presentíamos. Preparamos cámaras y el mate. ¿Qué más?.
Se acercaron a nosotros una
familia peruana con un nene que se había comprado un silbato “para llamar a los
cóndores”… decidimos darle unos minutos antes de mirar con mala cara a la
criatura, (mirar con mala cara a la
criatura y mirar con buena cara la profundidad del precipicio donde iría a
parar la criatura si seguía con el silbato…) que encima había
preguntado qué era eso raro que estábamos tomando. Cuando estábamos a punto de
comprobar si los 3.200mts. de profundidad del Cañón, que nos había dicho Cesar que tenía, eran
reales o no (con el nene, claro) (otra
vez me adelanté a escribir antes de leer lo que venía, bien Betty unificando
criterios), se escuchó un murmullo generalizado del mirador
de más arriba, todas las miradas a un lugar, y un cóndor: majestuoso, bello,
elegante… pasó delante de nosotros. Después del murmullo imperó el silencio y
se escuchaban sólo los click de las cámaras.
Ya estaba… sino
venía otro no importaba, había valido la pena llegar al Colca, pero el Cañón
nos premió con el paso de una pareja (supongo, no me quiero meter en sus vidas
privadas) (hablemos sin
saber ) que pasaron un par de veces frente a nuestros
agradecidos ojos.
Fue un
momento único que lo sintetizo en lo que escribí en mi estado de Fb:
Valle del Colca...
Solo gracias por existir...
Avistaje de cóndores...
3 planeando delante de nuestros ojos, para
confirmarnos que la perfección... existe
Ese día no podía pasar nada mejor, al rato
estábamos preparados para volver, ahí el pobre norteamericano que habíamos ido
a buscar al aeropuerto, le pegó re mal la altura, se sentía horrible: se tiró
en el piso (de la Combi)
tratando de sentirse mejor, yo le dije a Pety (que es la que habla “inglé”) que
le diga de tomar un té que conmigo había hecho maravillas el día anterior,
frente a mi propuesta desplegó un maletín con remedios de todo tipo,
etiquetados, el chabón parecía un boticario. Tomó algo que no le hizo nada
hasta que lo dejamos de un lugar donde lo esperaba el médico.
Empezamos la vuelta y hicimos paradas cortas en 2
pueblos: Maca y Yanque.
Maca tiene una iglesia
colonial muy “típica”, es la de “Santa Ana”, está paralela a la Plaza de Armas,
tiene forma de cruz. Hay 2 cosas características
importantes de este pueblo: está condenado a desaparecer ya que se hunde unos
centímetros por año, por estar en plena falla geológica al borde del cañón del
Colca y es el único lugar de Perú donde se escenifica la captura y muerte del
inca Atahualpa.
Yanque tiene otra iglesia típica colonial
“Inmaculada Concepción” y la Plaza rodeada de unas flores raras y muy grandes
tipo girasoles pero rojas, en el centro de la misma, hay una ciudadela de piedra
tallada.
Volvimos a Chivay donde
nosotras tomaríamos un transporte especial (pero de línea, por primera vez). A
la tardecita, luego del almuerzo, 5 horas nos separaban de Puno. Nos empezaron
a repartir en distintos lugares para almorzar; a media cuadra de la Plaza nos
dejaron a las 3 Volvimos a Chivay donde nosotras tomaríamos un transporte especial (pero
de línea, por primera vez). solas (eso podía ser muy bueno… o muy malo) era un
lugar típico peruano común, lo que no nos dejaba desarrollar grandes
expectativas con respecto a la calidad del almuerzo. Entramos… ¡bien!… Wifi. (Es
un milagro, porque es el culo del mundo).
Podíamos optar por 2 menús: por suerte elegimos
sopa de papa y pollo con puré de quinoa. No les puedo decir lo rica que era esa
sopa, le pedimos la receta, le costó decirnos como hacerla, pero cuando le
juramos que no íbamos a poner un restaurant, nos la dio. El almuerzo terminó
con un té de coca, y una caminata a la Plaza, donde íbamos a tomar el micro.
Allí había un lugar municipal donde firmamos un petitorio para que traigan a la
momia Juanita (la de Arequipa), el slogan era “Juanita debe regresar a su
hogar” (o algo así) Juanita se encontró en el Volcán de Ampato, que habíamos
divisado camino a Chivay.
Subimos a nuestro
transporte y partimos… larguito el viaje, Adri y yo sentadas adelante y Pety
atrás, con un compañero que subió un poco después. Estaba ella volviendo a
mirar las fotos de Colca (sacó unas fotos a los cóndores espectaculares) y se las
muestra a su compañero; que le pregunta cuando las había sacado, cuando le
contesta que eran de hoy, le dice apenas con un hilo de voz que él había ido 2
días seguidos y no había visto ninguno. Se dio vuelta, sacó su notebook y no le volvió a dirigir la palabra en todo el viaje
(¡¡¡envidioso!!!). Hicimos un par de paradas para tomar té de coca y comer
algo. Lo increíble de estos lugares es que Perú no tiene casi agua potable (hay
que tomar agua mineral) y tienen poca agua en general, razón por la cual cabe
suponer que los baños estarían espantosos, pero… no sé cómo hacen, pero los
baños estaban impecables.
Arribamos a Puno, nos levantó una traffic amarilla,
ver amarillo es sinónimo de “Pacífico”, así que nos esperaba un buen vehículo
(en Chivay no nos llevó Pacífico); nos llevaron para el “Hotel Eco Inn Puno”,
qué estaba alejado del centro. Al otro día estaba la presentación de las bandas
por los festejos de la Virgen de la Candelaria, vendrían bandas de todas las
regiones de Perú y de Bolivia. Era una gran fiesta que nos recomendaron
asistir, pero sin cámaras, ni nada de valor porque venía mucha gente y según el
guía en Puno no había robos, pero venía gente de otros pueblos y eso complicaba
el panorama. El hotel era muy bonito con entrada para vehículos pegada a la
puerta y un zoológico en la parte de atrás.
Ingresabas por un gran
hall-pasillo que desembocaba en el comedor con grandes ventanales que dejaban
ver el paisaje. Nuestra habitación estaba en planta baja, decidimos pedir algo para comer en la habitación ya
que estábamos bastante cansadas.
Mañana cumpliríamos algo muy anhelado: navegaríamos
por el lago Titicaca.
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