domingo, 27 de julio de 2014

Colca

7mo. día

Ya despiertas y ya habiendo recuperado mi condición de ser humano, nos levantamos, ajustamos valijas y a desayunar (eran las 6 y un fresquete…).

El desayuno lo hicimos en el mismo comedor donde cenamos….”cenaron ellas”, encima que lo teníamos incluido lo desperdicié. Puntual, nos vino a buscar: César, nuestro guía, que nos dio 2 opciones: o lo acompañábamos a buscar al resto de los pasajeros a otros hoteles, según él, el camino era bello, pero no estaba en muy buenas condiciones; o nos podría dejar en la Plaza de Yanque, (optamos por esta última posibilidad).

La plaza, en el centro, tenía una fuente (no salía agua) sobre una plataforma ovalada (Redonda, era redonda), en la que un grupo de nenas de distintas edades bailaban todooo el tiempo, siguiendo los compases de una… no me animo a clasificar el tipo de música que era (tengo varias amigas profes de música y de folklore y las respeto…) muy pegadiza; la música a full… aunque era re temprano (todavía no eran las 8:30). Las bailarinas se movían con sus polleras multicolores, sombreros que enmarcaban las 2 trenzas con las que se peinaban, decoradas con pompones largos, que revoleaban cuando la canción decía “vueltecita, vueltecitaaaaa”, era una canción autóctona de Colca (porque la nombraba lo sé, no porque sea muy informada), una de las nenas dirigía el grupo: con cara de pocos amigos y otra pasaba la gorra; la que dirigía estaba muy atenta a que cualquiera que sacara una foto o filmara haya puesto previamente algo en la gorra. Es más, yo primero le di unos soles, después filmé y la “jefa” fue a preguntarle si yo había puesto algo.


Después de la danza, Miramos los clásicos puestos que bordeaban la plaza, ahí compramos unas muñequitas muy lindas. Nuestro amigo guatemalteco, al que “todo lo venía bien” (comió y tomó café en cada parada que hicimos) se sacó una foto con un ave grandote y colorido (juro que vi el pájaro y sabía que él si iba a sacar la foto ahí).

Después cruzamos a la Iglesia, que tenía una cruz metálica labrada en la entrada, frente en medio punto y una torre a la derecha: la rodeamos… por el costado también tenía otra entrada , que no parecía usarse en la actualidad; para las expertas : Adri y Pety ( Licenciadas en “hablemos sin saber…pero opinemos con ACTITUD siempre”) ésa había sido en un tiempo la entrada principal (tomá esa…); adentro el altar central, los laterales, el púlpito (que no falta en ninguna iglesia) y  una señora estaba prendiendo todas las velas que acompañaban a los altares.

Al salir, caminamos por el pueblo (perdón sino se le dice pueblo y es ciudad o que se yo) tenía algunas calles con un mejorado y el resto: tierra, con sus casas de adobe. Muy Purmamarca… esa onda.

Llegó nuestro vehículo y partimos. Desesperadas le preguntamos si estaba solucionado lo del piquete y dijo que si, displicentemente, como si jamás hubiese planteado el problema y nunca hubiese estado en peligro la visita… y comenzamos nuestro camino al “Mirador de la Cruz del Cóndor” (Dijo eso displicente pero nos aclaró que era posible que los cóndores no aparecieran, porque hay días que están esperándolos pero no aparece. El flaco era empelado del centro de  ayuda al suicida y lo despidieron, por eso se dedicaba a ser guía… jaja).

Íbamos subiendo, tranqui y con unos deseos inmensos de que los cóndores se dignaran a aparecer. El camino era muy bello, las terrazas iban dándole marco y adelantándonos lo que iba a ser Cusco y Machu Picchu. Ante las primeras terrazas y las primeras lloviznas, la traffic se detuvo al costado del camino para unas fotos. Paramos y por arte de magia aparecieron los lugareños con llamas y alpacas. El guía nos recordó que esperan alguna recompensa a cambio de dejarse fotografiar. Realmente no saqué ninguna foto, así entiendo que ellos también se benefician, pero fotografiarlos me parece “cosificarlos” y es una situación que me incomoda y por lo tanto: la evito.

Ver las terrazas y maravillarse es sólo uno: la perfección en la diagramación y la construcción es increíble. Según nos dijeron TODOS los guías (repite, repite y quedará…) las terrazas cumplían 3 funciones: antisísmico, anti erosivo, agricultura, aprovechamiento del agua. Pero lo genial es que desarrollaron el concepto de microclimas, por ejemplo: en los pisos más altos, donde se incrementa la capacidad de conservación del calor del suelo por acción de la radiación solar, que es absorbida por las piedras de los muro, se cultivaba algo distinto que en los pisos más bajos (no me quiero  adelantar en Moray vemos aún más profundo este concepto) Por supuesto, no fue creación Inca, fue pre-inca; pero como ya dijimos el principal mérito de ellos fue tomar lo bueno de otras culturas y llevarlo a su máxima expresión.

Después de una hora y media de viaje y de superar un clima “dudoso”, llegamos al Cañón con un día espléndido… ahora, era ver si nos tocaba la sortija o no (bueno… soy del tiempo de la calesita) (¿de qué hablás Betty?).

Nos ubicamos en el medio de los 2 miradores: había uno arriba y otro más abajo, se sentía en el ambiente algo raro: mezcla de excitación con calma espera… pero también flotaba la certeza que iban a venir… lo presentíamos. Preparamos cámaras y el mate. ¿Qué más?.

Se acercaron a nosotros una familia peruana con un nene que se había comprado un silbato “para llamar a los cóndores”… decidimos darle unos minutos antes de mirar con mala cara a la criatura, (mirar con mala cara a la criatura y mirar con buena cara la profundidad del precipicio donde iría a parar la criatura si seguía con el silbato…) que encima había preguntado qué era eso raro que estábamos tomando. Cuando estábamos a punto de comprobar si los 3.200mts. de profundidad del  Cañón, que nos había dicho Cesar que tenía, eran reales o no (con el nene, claro) (otra vez me adelanté a escribir antes de leer lo que venía, bien Betty unificando criterios), se escuchó un murmullo generalizado del mirador de más arriba, todas las miradas a un lugar, y un cóndor: majestuoso, bello, elegante… pasó delante de nosotros. Después del murmullo imperó el silencio y se escuchaban sólo los click de las cámaras.


 Ya estaba… sino venía otro no importaba, había valido la pena llegar al Colca, pero el Cañón nos premió con el paso de una pareja (supongo, no me quiero meter en sus vidas privadas) (hablemos sin saber ) que pasaron un par de veces frente a nuestros agradecidos ojos.



 Fue un momento único que lo sintetizo en lo que escribí en mi estado de Fb:

Valle del Colca...
Solo gracias por existir...
Avistaje de cóndores...
3 planeando delante de nuestros ojos, para confirmarnos que la perfección... existe


Ese día no podía pasar nada mejor, al rato estábamos preparados para volver, ahí el pobre norteamericano que habíamos ido a buscar al aeropuerto, le pegó re mal la altura, se sentía horrible: se tiró en el piso (de la Combi) tratando de sentirse mejor, yo le dije a Pety (que es la que habla “inglé”) que le diga de tomar un té que conmigo había hecho maravillas el día anterior, frente a mi propuesta desplegó un maletín con remedios de todo tipo, etiquetados, el chabón parecía un boticario. Tomó algo que no le hizo nada hasta que lo dejamos de un lugar donde lo esperaba el médico.

Empezamos la vuelta y hicimos paradas cortas en 2 pueblos: Maca y Yanque.

Maca tiene una iglesia colonial muy “típica”, es la de “Santa Ana”, está paralela a la Plaza de Armas, tiene forma de cruz. Hay 2 cosas características importantes de este pueblo: está condenado a desaparecer ya que se hunde unos centímetros por año, por estar en plena falla geológica al borde del cañón del Colca y es el único lugar de Perú donde se escenifica la captura y muerte del inca Atahualpa.


Yanque tiene otra iglesia típica colonial “Inmaculada Concepción” y la Plaza rodeada de unas flores raras y muy grandes tipo girasoles pero rojas, en el centro de la misma, hay una ciudadela de piedra tallada.



Volvimos a Chivay donde nosotras tomaríamos un transporte especial (pero de línea, por primera vez). A la tardecita, luego del almuerzo, 5 horas nos separaban de Puno. Nos empezaron a repartir en distintos lugares para almorzar; a media cuadra de la Plaza nos dejaron a las 3 Volvimos a Chivay donde nosotras tomaríamos un transporte especial (pero de línea, por primera vez). solas (eso podía ser muy bueno… o muy malo) era un lugar típico peruano común, lo que no nos dejaba desarrollar grandes expectativas con respecto a la calidad del almuerzo. Entramos… ¡bien!… Wifi. (Es un milagro, porque es el culo del mundo).

Podíamos optar por 2 menús: por suerte elegimos sopa de papa y pollo con puré de quinoa. No les puedo decir lo rica que era esa sopa, le pedimos la receta, le costó decirnos como hacerla, pero cuando le juramos que no íbamos a poner un restaurant, nos la dio. El almuerzo terminó con un té de coca, y una caminata a la Plaza, donde íbamos a tomar el micro. Allí había un lugar municipal donde firmamos un petitorio para que traigan a la momia Juanita (la de Arequipa), el slogan era “Juanita debe regresar a su hogar” (o algo así) Juanita se encontró en el Volcán de Ampato, que habíamos divisado camino a Chivay.

Subimos a nuestro transporte y partimos… larguito el viaje, Adri y yo sentadas adelante y Pety atrás, con un compañero que subió un poco después. Estaba ella volviendo a mirar las fotos de Colca (sacó unas fotos a los cóndores espectaculares) y se las muestra a su compañero; que le pregunta cuando las había sacado, cuando le contesta que eran de hoy, le dice apenas con un hilo de voz que él había ido 2 días seguidos y no había visto ninguno. Se dio vuelta, sacó su notebook y  no le volvió a dirigir la palabra en todo el viaje (¡¡¡envidioso!!!). Hicimos un par de paradas para tomar té de coca y comer algo. Lo increíble de estos lugares es que Perú no tiene casi agua potable (hay que tomar agua mineral) y tienen poca agua en general, razón por la cual cabe suponer que los baños estarían espantosos, pero… no sé cómo hacen, pero los baños estaban impecables.

Arribamos a Puno, nos levantó una traffic amarilla, ver amarillo es sinónimo de “Pacífico”, así que nos esperaba un buen vehículo (en Chivay no nos llevó Pacífico); nos llevaron para el “Hotel Eco Inn Puno”, qué estaba alejado del centro. Al otro día estaba la presentación de las bandas por los festejos de la Virgen de la Candelaria, vendrían bandas de todas las regiones de Perú y de Bolivia. Era una gran fiesta que nos recomendaron asistir, pero sin cámaras, ni nada de valor porque venía mucha gente y según el guía en Puno no había robos, pero venía gente de otros pueblos y eso complicaba el panorama. El hotel era muy bonito con entrada para vehículos pegada a la puerta y un zoológico en la parte de atrás.

Ingresabas por un gran hall-pasillo que desembocaba en el comedor con grandes ventanales que dejaban ver el paisaje. Nuestra habitación estaba en planta baja,  decidimos pedir algo para comer en la habitación ya que estábamos bastante cansadas.


Mañana cumpliríamos algo muy anhelado: navegaríamos por el lago Titicaca.



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