6°
día
Nos
vendría a buscar una traffic para ir a un lugar esperadísimo por todas: Cañón
del Colca, con la promesa de ver: Cóndores… ”En yourface” diría Testino…
Nos
quedaba un desayuno en este hotel tan bello, que realmente fue completísimo y
para redondear una hermosa estadía, queríamos poder disfrutar de esa terraza
con vista a la Plaza de Armas…que por la hora, se mostraba inéditamente vacía y
con el sol cayendo sobre el lugar perezosamente: una postal ineludible... (AAHHH que
poeta…).
Hoy
íbamos a experimentar la mayor altura que recorreríamos en todo el viaje, por
lo que bajamos (después del desayuno) a esperar nuestro transporte con la idea
de tomar el 1° té de coca de la jornada (en todos los hoteles en el hall tenés
té de coca para servirte libremente).
Al retomar el camino y entre unas explicaciones sobre la Cordillera de Los Andes, el guía nos guardaba una sorpresa; aparte de la posibilidad de llegar al Cañón del Colca y que los cóndores decidieran “no aparecer” (¿Queeeeee?) el bus turístico no tenía contratado en forma exclusiva a las aves, nos encontrábamos con la posibilidad de no poder acceder al Colca ya que un grupo de “piqueteros kirchneristas” (ja) Uy, no acá no hay, digámosle sólo “piqueteros”, tenía cortada la ruta de acceso por una protesta. El hecho podía arreglarse o no. Lo veríamos mañana camino allí. Nosotras sólo nos miramos, había 2 lecturas a realizar: este viaje a Colca empezó mal, va a terminar peor o este viaje empezó bien, así va a seguir.
Todos nos habían anunciado que mala idea era haber ido a Perú en esta época, por las lluvias y hasta ahora llevábamos la capa intacta en la mochila: ésa era nuestra cábala llevar siempre en la mochila la capa, con la esperanza de jamás usarla.
Nos iba avisando que estábamos subiendo en forma constante, por lo que consumimos unos caramelos de coca que habíamos comprado en Arequipa en un mercado donde yo me compré además una bella vincha. Pasaríamos por Patapampa rozando los 5000 m. de altura.
Ahí cruzamos la reserva de vicuñas de Pampa Cañahuas (seguíamos en tierras de Arequipa), paramos a un costado del camino para verlas accionar en libertad y fotografiarlas, obvio. Son realmente preciosas, las más finas de los camélidos del altiplano, hay 4 camélidos en estas zonas: las berretas, tipo “vivís en provincia”, llamas y guanacos y las finas, tipo… ”Puerto Madero”: vicuñas y alpacas.Me sorprendió saber que las “finas” no son propiedades de las personas, sino del estado que comercializa su lana, no lo pueden realizar personas particulares. La esquila es un evento comunal (participan todos) y se sigue una práctica ancestral, se llama “el Chaccu de Vicuñas”, la comunidad campesina inicia la caza y esquila. La labor se inicia con el armado de mallas por zonas determinadas, teniendo en cuenta la amplitud del terreno, hasta donde se arrean los animales para luego ser capturados y se las esquila, esto ocurre en noviembre. La esquila solo la realizan personal capacitado para que los bichos no sean dañados con la máquina esquiladora. Luego de este proceso el animal es liberado.
Esta reserva de verdad no está tan cuidada (tenía razón Pety en su primera impresión) hay cosas tiradas y basura (no exagerado, pero no está impecable como debería).
Nuestro hotel se encontraba en Chivay y allí llegamos cerca del mediodía, el ingreso al pueblo estaba enmarcado en una entrada de piedra en medio punto, con un cartel con su nombre en la parte superior, ahí se notaba que teníamos que pagar para entrar, y (como en lugares de Argentina) había tarifas para extranjeros diferenciada. La pareja de la peruana y el francés, querían que le cobraran la tarifa de locales a los 2 por ser que él estaba casado con una peruana; ya al comenzar el viaje lo había planteado; nuestro guía no estaba muy convencido y dudaba del hecho. Conclusión bajó a pagar y después subía el control y ahí fue donde dijo (el que controlaba) algo que me encantó por lo que significaba, dijo: “son 5 latinoamericanos y el resto extranjeros” esto, así simple de que no nos consideraran extranjeros, me hermanó aún más con los peruanos (Es la patria grande diría don Hugo Chávez).
Al final seguimos directo al lugar donde almorzaríamos: a un restaurant, como la mayoría a los que concurrimos , del tipo tenedor libre, pero siempre sin perderla la convicción de su cultura, con sus comidas típicas a full.. Es más, las chicas yanques querían pagar con dólares y no se los querían agarrar, querían: soles. Después de ahí nos repartieron a todos en 3 hoteles; el nuestro era “Hotel casa Andina Colca”, era… adivinen… precioso. La 1ra. construcción era la recepción, una sala de estar y el comedor y después ingresando por caminos de piedras estaban las habitaciones que eran, en realidad como cabañas diseminadas por el terreno, muy característico y bello. Acá había calefacción y varias frazadas de repuesto porque a la noche especialmente hacía mucho frío.
En esta parte del día podíamos optar por una salida extra a las Termas de Calera o tener la tarde libre. Preferimos recorrer y conocer el pueblo sin apuros, ni presiones. Nos instalamos tranquis, hicimos los llamados necesarios y después salimos a conocer.
Caminamos por el pueblo muy pintoresco, la mayoría casas de adobe, calles angostas de tierra y lo loco era ver casas precarias, pero las que vendían comestibles: impecables; tienen re claro esto de vender al turismo lo que quieren, el único problema, (algo comentó Pety en los 1ros. días, es que toman las bebidas al natural (inclusive la cerveza), en Lima que debe ser la ciudad más contaminada por las costumbres de afuera, había carteles que ofrecían “bebidas heladas” como el graaaan ofrecimiento, que igual era casi no caliente, de helada: nada) ahí llegamos a la Plaza principal que tenía 4 arcos: uno en cada extremo, como para enmarcar el ingreso a la plaza y unas estatuas con personajes de la zona, pero… ojo uno de ellos con anteojos de sol tipo Ray Ban (fue cómico verlo), enfrente estaba la oficina de Turismo (enfrente a ella la Iglesia) a la que entramos a preguntar que podíamos visitar (entramos a preguntar a la oficina de turismo, no a la iglesia) y más que nada a preguntar cómo se encontraba el conflicto del piquete para llegar al Colca. Siempre es maravilloso ver la simplicidad con la que vive la gente en estos lugares, cuando les preguntas que hacer, te dicen: nada… acá está le iglesia y el puente y nada más…
Al salir de la Iglesia avanzamos por el extremo más cercano, salimos… pasando por otro de los arcos de la plaza, a una calle que sería como la principal de allí: en el centro de la calle había, cada tantos metros estatuas vestidas con diferentes personajes paganos, me parecen similares a los que había en la plaza, y también algunas decoraciones con mosaiquismo en bancos o montículos, básicos, tampoco era el Parque Guell (eso lo digo antes que Pety diga que soy muy generosa con el concepto) (si, si), sobre ambas veredas montones de negocios que vendían todas las cosas que te venden en Perú y que te querés comprar todo el tiempo.
Así que recorrimos la plaza, fuimos a la iglesia, que era del Siglo XVIII, ”Nuestra Señora de la Asunción”, era bonita y lo característico era que había muchas velas en los altares muy coloridos.
En la 1ra. cuadra había una especie de mercado de comidas típicas, frutas, verduras, condimentos y carnes, es bueno aclarar que las carnes y similares no se encuentran en heladeras, por lo que el olor sin ser insoportable, es… característico, digamos (no me pregunten a que característica me refiero). Al salir del mercado, empezamos a recorrer negocios: después entramos a uno donde tejían: madre e hija, y una de ellas le enseñó a Pety como hacer un punto (¿¿?? Que desastre… ni me acordaba de esta situación. Por supuesto tampoco me acuerdo del punto, que seguro era de crochete). A esta altura estábamos con la misión de conseguirle un gorrito a Dante (nieto de Adri) o sea que entrábamos a cuanto negocio había de tejido.
Antes que la calle termine había una escuela, a la que se podía ingresar que tenía un mural muy lindo y un especie de puentecito debajo del cual corría un pequeño arroyo (lo de arroyo es exagerado, era un ligero movimiento de agua). El camino comercial moría en un camino de tierra, perpendicular a él, que bordeaba una corriente de agua, que era nada menos que el Rio de Colca, ahí se veía como el agua avanzaba entre piedras que lo iban llevando hasta llegar al puente inca (ese que nos habían nombrado en la Sec. de Turismo); la base está hecha con piedra labrada y sobre ella se había construido un puente de arco de medio punto. Se cree que antes existía un puente colgante, pero no quedan rastros de él; en la actualidad está dividido en 2 pasos: el vehicular y el peatonal, y separa ambos lados del cañón; al avanzar y teniendo en cuenta que estábamos en una considerable altura que nos hacía querer descansar cada ratito, decidimos no alejarnos más y emprender el retorno.
Ahí nos encontramos con una gran y pintoresca pendiente ASCENDENTE que en su base tenía 2 estructuras de mujeres con vestimenta típica de un tamaño considerable, unos 4 metros, que nos marcaba el camino de vuelta, el marco de la pendiente era un muro de piedra, y por el medio embutido en la pared una gran cara de un Inca terminaba de ponerle una onda especial al lugar; con esfuerzo subimos, pasamos por una escuela secundaria y nos dirigimos hacia el hotel.
Yo le pedí un té de coca, pensando en la altura, con la gran educación que tienen y una enorme delicadeza el señor que nos servía me dijo que la coca no me convenía porque no iba a poder dormir, que mejor era un té de boldo, para la mitad del té ya era otra vez “yo misma”; al guatemalteco le dejamos “la cabeza así” (2 y ¾ mujeres, yo no era una entera, contra él) hablándole de lugares de Argentina que tenía que visitar y él nos hizo una breve reseña de su vida en su Guatemala natal, su llegada a Norteamérica, casamiento, nacimiento de sus hijas, separación y vida en Yanquilandia, la cual todavía no le había dado su ciudadanía a pesar de la cantidad de años que vivía allí.
Y
así terminó nuestro día, tratando que la suerte nos acompañe al otro día y los
cóndores nos hagan un showcito en Colca. Veremos…
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